martes, octubre 20, 2009

Las mejores flores, son las oraciones, decía Olga.

Estimados amigos y lectores de Olga,

Este año no podemos celebrar el cumple de Olga el 3 de noviembre, pero sabemos que está con nosotros de todas formas.

Su familia nos pide oraciones por su alma y por su eterno descanso en este día tan especial.

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sábado, julio 04, 2009

A los ojos. Carmen Domínguez con Sonsoles Calavera. Intereconomía TV

video

miércoles, junio 17, 2009

Las "alas rotas" de Olga Bejano: su testimonio evitó cuatro suicidios. www.elsemanaldigital.com


Afectada por una enfermedad degenerativa, y pentapléjica, la persona que más tiempo ha permanecido conectada a un pulmón artificial se ha convertido en fuente de esperanza en todo el mundo.

Hay testimonios llamados a ejercer una influencia perdurable en quien los conoce, y el de Olga Bejano (1963-2008) es uno de ellos. Lo prueba el éxito de la trilogía formada por Voz de papel, Alma de color salmón y Los garabatos de Dios. Éxito por su nivel de ventas y por su repercusión mediática, pero sobre todo por la huella que dejó en miles de personas en todo el mundo que leyeron sus libros, le escribieron y recibieron respuesta hasta donde sus fuerzas mermadas lo permitieron.

Mermadas las fuerzas físicas, que no las espirituales: la semana pasada se presentó en Madrid su obra póstuma, Alas rotas, y la madre de Olga, María del Carmen Domínguez, desveló que al menos cuatro personas que estaban pensando suicidarse cambiaron de idea animadas por ella.


Una travesía larga y dura

A Olga Bejano se le detectó siendo niña un problema de origen desconocido que le impedía tragar y pronunciar bien. Su vida era más o menos normal, en medio de un calvario de diagnósticos médicos contradictorios, hasta que en plena adolescencia se determinó que padecía una enfermedad degenerativa que, sin remedio, iría a más.

Olga pasó una juventud dura, pero acabó sus estudios y comenzó a trabajar como fotógrafa y asesora publicitaria. Una tarde aciaga de 1987 lo que parecía un atragantamiento concluyó en parada cardiorrespiratoria y coma, y la vida dio un vuelco. Su trastorno entró en una fase hospitalaria y de creciente dependencia, hasta quedar pentapléjica: no podía ver ni hablar, pero sí expresarse mediante un peculiar código basado en movimientos de su rodilla, que sus enfermeras y familiares aprendieron para darle una ventana al exterior, gracias a la cual tenemos esta impactante tetralogía.

Alas rotas, que llega póstumamente pero en el que Olga había puesto tanta ilusión, resume un poco el espíritu de los anteriores, y constituye una introducción global a su caso, dando razón de lo que en los demás volúmenes trataba por extenso: su via crucis médico, su lucha por los derechos de los enfermos, su itinerario espiritual...


El sentido del sufrimiento

Cuando murió, hace un año, era ya la mujer en todo el mundo que más tiempo había pasado conectada a un pulmón artificial, y en sus escritos quedan reflejados con descarnado realismo los altibajos por los que necesariamente tiene que pasar una persona en su situación: de la desesperanza a la esperanza, de la desolación a la certeza de que el sacrificio vale la pena.

Se preguntaba por el sentido de su sufrimiento y se lo preguntaba también a Dios, a quien tan unida estaba por la oración constante: "Voy a cumplir 34 años de condena y me pregunto cuándo se abrirán las puertas de mi celda. Cuando llegue al otro lado tengo, Padre, muchas preguntas que hacerte. Eso sí, nunca me podrás decir que he tirado la toalla porque a pesar de mis noches oscuras, si alguien en este mundo ha luchado por su vida, esa soy yo... Gracias al padre que me engendró, a la madre que me gestó, y al Cielo que me puso un alma de color salmón, el color de la lucha".

Es imposible leer ese párrafo, en el contexto de la narración de sus inquietudes y padecimientos, sin sentir un estremecimiento. Con todo, lo que emociona de estas páginas, lo que anima a leerlas y anima tras leerlas, no es sólo su espíritu vital y nada resignado ante tan gran adversidad, que pone en su verdadero valor muchas de las quejas que formulamos por fruslerías; tampoco la certidumbre de que los padecimientos de aquí son siempre finitos si se ofrecen, como hizo ella, por una dicha infinita. No: es también el sentido canto a la familia como el lugar en el que toda tragedia puede tener una acogida que la haga llevadera.

Olga tuvo muchos amigos, epistolares y personales, que la ampararon en las dificultades, pero tuvo sobre todo una familia que lo dio todo por ella, y por eso emocionan los desvelos de padres y hermanos, como emociona la tristeza y el dolor de la enferma cuando su "Papichulo" murió de un infarto. Son los pasajes más sentidos de Alas rotas.



¿Alas rotas? Olga quiso ese título para su libro, pero se publicó justo cuando ella volaba ya libremente hacia el Paraíso.


C.L.A.

viernes, junio 12, 2009

Nunca le he preguntado a Dios ¿por qué? sé que Él sufría con nosotros. www.albadigital.es


La enfermedad de Olga ha dado abundantísimos frutos. Esa onda expansiva de bien que propagó con su dolor, ofrecido a Dios con heroica grandeza de alma, nace también del apoyo férreo que tuvo en su madre -navarra ella-, durante 22 largos años de “arresto domiciliario”, como Olga lo llamaba con su incombustible sentido del humor. Mª Carmen se hubiera cambiado por su hija, pero le tocó acompañarla, muy de cerca, ayudándola, sin descanso, a llevar su cruz… pero además con garbo y alegría.

-¿Cómo han sido estos 22 años para ti?
-Si hoy hago balance, ha supuesto renuncias, dedicación, sufrimiento… a nivel familiar. Pero para mí, el día a día era lo que me tocaba hacer. Asumes esa situación y haces lo que tienes que hacer.

-¿Cómo has aguantado?
-Por genética, tengo un carácter, una forma de ser. Pero yo me ponía en el balcón de mi cocina y le pedía ayuda a Dios para vivir 24 horas que sabía que iban a venir cargadas de cosas buenas y no tan buenas. Y le daba gracias, porque en la caja de regalo de cada día no sabes lo que puede venir y sólo uno es responsable de vivirlo lo mejor que sepa. Yo quería llegar al final del día dándole las gracias por muchas cosas: amistades, llamadas…

-¿No le has preguntado a Dios alguna vez ‘por qué nosotros’?
-No. Y en esto estoy convencidísima. Dios sufría con nosotros, y como nosotros o más. Si Dios nos dejó en libertad desde el primer momento, cada persona hace una historia, que va compuesta desde una lotería hasta una enfermedad. Olga solía decir que la vida, la muerte y la enfermedad vienen en el mismo pack. Pero normalmente estamos más a las maduras que a las duras. Y para las duras era él el que me tenía que ayudar. Dios no castiga, ni premia, ni prueba… acompaña en la vida de cada persona y está ahí para que le digamos: ‘¡Ayúdame!’. ¡Yo a Dios le he dicho tacos muchas mañanas! Y a mí me ha ayudado de mil maneras y se me ha presentado con muchas personas que me ha mandado, para decirme: ‘Que estoy aquí contigo’. Tengo una relación de amigo, maestro, padre y también de Dios. -El papel de la madre es casi igual de duro que el de enferma

¿Te hubieras cambiado por ella?
-Sí. Sobre todo en momentos de dolor, cuando los calmantes no hacen efecto, en los que lloraba tanto que las lágrimas le encharcaban el oído y le producían otitis. En esos momentos hubiera dado cualquier cosa por liberarla.

-Tú ya no eres la misma que hace 23 años. ¿Qué ha venido Olga a enseñarnos a todos?
-Ahora veo que me ha hecho crecer como persona, plantearme la vida con más madurez, prudencia, respeto, arrojo. Te enriquece de muchas maneras. Al principio no te crees lo que dicen los médicos y quieres buscar la solución en cualquier sitio del mundo en el que esté. Es una locura. Pero poco a poco vas asumiendo lo que está pasando y te vas plantas: ‘¿Qué le podemos dar?’ Calidad de vida: intimidad, respeto, cariño, una sonrisa, una bronca, porque no dejas de ser madre.

-Y agradecería mucho la normalidad ¿no?
-Ante todo. La persona que iba con paternalismos en seguida la rechazaba y decía: ‘Tía que soy normal’.

-¿Cómo educasteis a vuestra hija para que afrontara una situación así con semejante fortaleza?
-Nosotros éramos una familia normal, educada en los valores que entendemos que son los buenos, eso intentamos dar a nuestros hijos. Pero el crecimiento y la transformación fue de ella. Tuvo que asumir lo que pasaba.

-Dentro del terrible dolor, también te ha traído cosas buenas… ¿Cuáles han sido los momentos que recordarás con especial cariño?
-Podrían ser muchos, pequeños y grandes. Satisfacciones como hija nos ha dado muchas. El primer libro fue algo impresionante. Pero ver la impronta que dejaba ella como persona, tras su paso por diferentes hospitales era sorprendente.

-Ella era muy disfrutona ¿Cómo te imaginas ahora a Olga? -Tengo la plena seguridad de que es feliz, feliz y que nos mira riéndose, ‘guaseándose’ y diciendo: ‘Ahora soy mariposa’. Por eso la mariposa de la portada tiene mucho simbolismo. Ella decía que era crisálida y que cuando se marchara sería mariposa.

-Tenía una visión de la muerte de lo más positiva
-Sí, totalmente. ‘Allá se está muy bien’, decía. Por su experiencia del túnel y porque decía que si no había otro sitio donde se estuviera mejor que en la cama, no era justo. Pero nunca se planteó ‘¿Por qué a mí?’ Ella tenía ilusión porque este libro saliera a la calle porque los anteriores han hecho tanto bien, que decía: si estoy en esta vida para escribir y hacer bien a la gente, pues bendito sea. Cuando alguien tenga días grises, que lea ‘Alas rotas’ que le va a hacer mucho bien.

Sonsoles Calavera

Al menos cuatro personas desistieron del suicidio tras leer a Olga Bejano. www.albadigital.es


Alcaraz, Domínguez, Szumlakowska, Fdez. del Cacho, Calavera, Ángel y Rosal

Ciento cincuenta personas acudieron al homenaje en la parroquia de S. Gabriel de Madrid

No podía ver, hablar, moverse, ni respirar sin asistencia. Necesitaba ayuda para todo, y así pudo escribir, con increíble paciencia, cuatro libros, haciendo unos leves garabatos con su mano derecha que su enfermera interpretaba. Olga Bejano, la pentapléjica más querida de España; la mujer que se carteaba con Ramón Sampedro dándole ánimos para que no cruzara la frontera de la desesperanza, murió en diciembre, dejando listo su cuarto libro: ‘Alas rotas’ (Ed. Libros Libres), su testamento vital. Ciento cincuenta personas asistieron a una presentación-homenaje que se celebró en la parroquia de San Gabriel, de Madrid.

Tras escribir ‘Voz de Papel’ y ‘Alma de color salmón’, empezaron a llegar cientos de cartas, miles con los años, al buzón de Olga. “Y entre esas cartas -recuerda su madre, Mª Carmen Domínguez- había por lo menos cuatro que contenían una experiencia vital estremecedora: habían pensado en quitarse la vida y tras leer los libros de Olga contaban que habían cogido gusto por la existencia“. “Sólo por esas personas valió la pena que Olga escribiera los libros”, dijo emocionada la madre de la autora en la presentación de ‘Alas rotas’. “¿Cuál ha sido la misión de Olga en esta vida? Acercar a la gente a Dios. No tengo dudas de que Dios la eligió para esa misión y los frutos que dio son innumerables”, aseguró.

La experiencia de Olga Bejano fue un canto a la vida. “Se puede defender la vida de muchas maneras, pero la mejor es saber vivirla”, apuntó su madre. Recordó que su hija tenía un carácter “de empuje, arrojo, tenacidad, y una espiritualidad crecida y renovada”. Y explicó, conmovida, que este es el primer libro en el que la autora habla de una experiencia especialmente dolorosa: la renuncia a su amor por la enfermedad: “Es el primer libro en el que habla de su amor y escribe: ‘Estando enamorada hasta las trancas, le dije: ‘Haz tu vida, que no sé lo que me va a ser de mí. Y le convencí’. Eran cuatro años de relación estable. Y ese sufrimiento, el de los sentimientos, no lo quita la morfina”.

Lucha titánica por los derechos de los enfermos

Subrayó que Olga luchó por los derechos de los enfermos dependientes con “un empeño de titanes“. “Olga o un enfermo terminal es un bulto que supone gasto, en el que a la Sanidad no le interesa invertir -aseguró-. Y no le dan un hachazo porque estaría mal visto. Antes, si necesitabas, por ejemplo, una sonda de aspiración de secreciones, no te la daban con receta, por ser material hospitalario. Hoy todo enfermo que está en domicilio tiene el material hospitalario que necesite porque Olga lo ha conseguido. Ella ha ido abriendo camino y ha conseguido cosas siempre en plural. Ese es el orgullo que yo tengo, que ha luchado por los derechos y sintiendo las penas de los demás, haciéndolas suyas“.

La madre de la pentapléjica que ha conmovido a España contó que Olga aceptó el sufrimiento de su enfermedad por amor. “¿Quería seguir viviendo? Os aseguro que no. A mí me ha enseñado que no hay que tener miedo a la muerte -señaló-. Ella vivió la experiencia del túnel y decía: ¡Ay mamá, con lo bien que se estaba allí! Volvió por amor, porque oía la voz de su hermano que la llamaba y le daba mucha pena. No tenía ningún miedo a la muerte, pedía incluso a su confesor que no pronunciara esa palabra: ‘Se llama la otra orilla, el otro lado, el viaje, el más allá, porque no la muerte no existe’, decía”.

Su madre sabe ahora que Olga sigue estando con ella, aunque no la vea: “Me siento muy orgullosa de mi hija y muy feliz porque haya terminado de sufrir. Que mi hija está descansando, lo tengo clarísimo. ¿La echo de menos? No. Tengo su silencio y sé que no está, pero no estoy triste en ningún momento. Después de marcharse mi hija me he sentido aprobada por ella. Y la sé y la siento feliz y por eso no me siento sola”.

Mª Carmen citó a Alberto Cortez para describir la actitud de su hija ante la vida: “Ella eligió ser lluvia en vez de ver llover”, apuntó. Y leyó unas líneas de ‘Alas Rotas’ que recogen bien el espíritu generoso y valiente con el que Olga afrontó, abandonándose en manos de Dios, todos los retos que encontró en su camino: “Vivir siempre merece la pena, hasta el final, hasta que el maestro de nuestra acuarela decide que está terminada a su gusto y sólo le queda poner la fecha y la firma”.

Intervinieron también Pepe Fernández del Cacho, sacerdote pasionista, escritor y poeta, que lleva a gala la distinción que en su momento le otorgó Olga como su “hermano adoptivo”; el cantautor José Luis Pardo, que cantó dos canciones compuestas para Olga; el catequista Juan Pedro Alcaraz; la subdirectora de la ALBA, Sonsoles Calavera, Marysia Szumlakowska, (viuda de Narciso Yepes) y Pilar Ángel, amigas de Olga y, por último, cerró el acto el editor de LibrosLibres, Álex Rosal

jueves, junio 11, 2009

Sale a la luz el libro póstumo de una pentapléjica que conmocionó a España. www.elimparcial.com




Ella quería morir pero se oponía a tirar la toalla. Olga Bejano se fue el pasado mes de diciembre con los deberes más que hechos. Su madre presenta a EL IMPARCIAL el cuarto y último libro de una mujer admirable que durante 23 años sufrió una pentaplegia que tan sólo le permitía pensar y sentir. Aún así, gracias a una fuerza aplastante y a la “cariño-terapia” de su familia, enfermeras y amigos, Olga consiguió disfrutar de las pequeñas alegrías que podía ofrecerle su sufrida vida.

No puede cuantificarse el esfuerzo de un día en la vida de Olga Bejano ni el sufrimiento de 23 años en una cama sin poder ver, hablar, moverse, comer ni respirar sin asistencia. Sacar fuerzas para seguir adelante en esas condiciones es algo excepcional pero Olga lo consiguió sin presentarse como una víctima.

Muchos la consideran santa, pero su madre precisa, “no santa de altar. No me gustan los merengues ni las mieles”. Olga era una mujer fuerte y con carácter que “se cabreaba como todos”, explica Mari Carmen Domínguez. Desde su cama a pesar de su invalidez, luchó por sus derechos y de los demás enfermos.

Cada día, después de una ardua limpieza y de la maniobra de traslado de la cama a la silla de ruedas, Olga se ponía a trabajar. Podía hacerlo y tenía en la cabeza decenas de proyectos: libros, entrar en el Guiness de los récords por la cantidad de intervenciones quirúrgicas que le practicaron, completar el Vía Crucis para la juventud que le pidió el Papa...


Era una mujer infatigable. Logró organizar su vida para superar sus limitaciones. Consiguió escribir sentada en la silla con un rotulador atado a la mano derecha que impulsaba con la pierna para pintar unos garabatos. La enfermera aprendió a traducirlos fijándose en el movimiento de su mano. Así, con este sistema, mucha paciencia y mucho esfuerzo, pudo expresarse, comunicarse con el mundo y contar su vida.

Antes de morir esta trabajadora exhaustiva y perfeccionista dejó listo “Alas rotas”, su testamento vital presentado este martes por su madre.



Carmen cuenta a este periódico que decidió “poner toda la carne en el asador para mejorar la calidad de vida de su hija”. Lo importante era buscar la normalidad en su día a día. “Es cierto que no podía comer, explica, pero uno puede comer con la cabeza”. Así, le proponía por ejemplo unas patatas a la riojana, “que le encantaban”, y aunque sus papilas gustativas no pudiesen disfrutarlas, disfrutaba de otra manera del un puré “muy bien coladito” que le elaboraba para después introducírselo a través de una sonda. “¡Comía lo mismo que nosotros, incluso los langostinos y las uvas en fin de año! Son las pequeñas cosas las que te dan la felicidad y a las que no hay que renunciar”, concluye Mari Carmen.


La “cariño-terapia”, una palabra que acuñó Olga, era lo principal para afrontar el sufrimiento que supone la pérdida de toda intimidad, el dolor y la dependencia de los demás. Su enfermedad hizo sufrir a toda su familia y ese peso también lo llevaba consigo: “Me siento como un pulpo que con mis tentáculos tengo atados a todos los miembros de mi familia”, escribió.

Pero su testimonio también les ha hecho fuertes y con ella han aprendido a valorar aquello que parece obvio y no nos paramos a pensar cuán importante es. Abrir y cerrar los ojos, por ejemplo. Ella no podía.

Su relación con Dios era de una profunda intimidad. Considera que Él era el Maestro de su “acuarela” y que ella no podía interrumpirla. “No te quejarás, le decía, porque sabes que nunca he tirado la toalla”.



Olga intentó que Ramón Sampedro tampoco lo hiciera. Le sugirió por carta que contratara a tres enfermeras para que tuviese cierta independencia. El le respondió que ni con 300 quería vivir como ella. Y le respetó porque, como decía, “no es lo mismo torear un Miura en la arena que verlo desde la barrera”.

“La vida es el mayor arte que existe y saber vivir es ser un gran artista. Vivir las veinticuatro horas de un día intentando superar los momentos difíciles, sabiendo disfrutar de los momentos agradables que nos presente la vida, eso es vivir; y vivir siempre merece la pena, hasta el final, hasta que el Maestro de nuestra acuarela decide que nuestro cuadro está terminado a su gusto y sólo le queda poner la fecha y la firma”.Olga Bejano. "Alas rotas" (Libroslibres)


Blanca de Ugarte (Fotografías de Manuel Engo)

Olga Bejano, mística desde la parálisis. La razón



La madre de la joven que escribía con garabatos presenta «Alas Rotas»

Cuando Olga Bejano tenía 11 años, empezó su peregrinación de médico en médico, acompañada por sus padres. A los 23 años, una parada cardíaca la dejó paralizada. Mari Carmen, su madre, la cuidó hasta que murió en diciembre, con 42 años. Casi inmóvil, Olga empujaba con su pierna la mano para dibujar garabatos o señalar letras en un abecedario. Así escribió cuatro libros. Su madre presenta ahora «Alas rotas», su obra póstuma.

- ¿Se sintieron abandonadas?
- Las administraciones nos abandonaron. Las personas, no. Dios mandaba personas, regalos de Dios. Lo veíamos por sus sonrisas, abrazos, miradas limpias. Él nos acompañaba. Un día muy malo bajé 16 plantas por las escaleras de un hospital, corriendo a la capilla, a decirle a Dios: «ya lo sé, sé que estás conmigo».

- Olga era activista, pedía más atención a los enfermos.
- Era una «mosca cojonera» por convencimiento. A despacho cerrado, muchos políticos y burócratas me han admitido que el sistema les da vergüenza. Pero no han hecho casi nada. Olga devolvió la medalla de oro de La Rioja como protesta. Sólo entonces la Administración volvió a ponernos una enfermera.

- ¿Alguien habló de eutanasia?
-Nunca fui donde pudieran hacerlo. Les habría saltado a la yugular. De este tema han de hablar sólo los enfermos, los médicos y los que saben de leyes. No es lo mismo teorizar que estar en la plaza con el toro, la enfermedad.

- En los libros de Olga leemos que usted se formó en Cursillos de Cristiandad.
- Sí, antes de hacer los Cursillos yo, más que bautizada, estaba sólo «remojada». Cursillos me hizo sentir parte de la Iglesia. Creo que me preparó para lo que vino. También me ayudaron mis genes de luchadora, que recibí de mi madre y abuela y pasé a Olga.

- La cama del enfermo es un altar, decía el beato Pere Tarrés.
- Un cura me dijo «tu hija es tu sagrario». También llegamos a tener un sagrario de verdad en casa. Olga comulgaba a través de la sonda. En los hospitales, había capellanes que se lo negaban.

- Ella escribe de sus experiencias místicas.
- Sí, las vivimos con mucha naturalidad. Las conocía el cura que la atendió durante 16 años. Se las explicamos al obispo de Logroño, en casa. Nos dijo: «¿Le extraña que el Espíritu se sirva de un alma tan acrisolada por el sufrimiento?». Ella se confesaba con ayuda de la enfermera que leía sus garabatos. Le impresionaba mucho el sufrimiento de los demás. Mandaba notas a conocidos cuando los hospitalizaban. Las madrugadas que no podía dormir rezaba mucho por la paz, por las incomprensiones en el mundo. Les hablaba a los fallecidos.

- ¿Cómo es ahora su relación con Olga?
- Mejor que antes. Ya no me enfado con ella. ¡Era tan perfeccionista! La siento cerca y contenta. Le pido intercesión y sé que me ayuda. Ya no se oye el ruido del respirador, los cascabeles de su cama, la campanilla de su pie... pero en ese silencio me siento acompañada y aprobada.

-¿Piensa en el reencuentro con ella?
-Aunque estoy mal de salud, le pido a Dios que me dé tiempo. Pero el reencuentro será alegre, ella será la primera en venir a mi encuentro. La veo guapa. Incluso en la enfermedad siempre la vi guapa. Tenía estilo, lucía. Su carácter se enriqueció, tenía madurez, exigencia. Desde lo puramente humano, no se entiende su crecimiento, su coraje ni su vida.


Una vida gracias a Dios

A los 23 años una parada cardíaca dejó a Olga cinco días en coma. Salió de él paralizada y casi ciega. Le pronosticaron seis meses de vida, pero luchó durante 21 años. Con garabatos, que sus enfermeras anotaban, escribió cuatro libros, todos en la editorial LibrosLibres. En «Voz de Papel» y «Alma de Color Salmón» reflejó su fortaleza y su vida cotidiana. En «Los Garabatos de Dios», publicado en 2007, recoge su vivencia espiritual y religiosa. Ahora, su obra póstuma, «Alas rotas», recoge la recta final de su vida. Su madre piensa en el reencuentro, más allá de esta vida, aunque sin prisas. «Será la primera en recibirme. La imagino guapa allí. De hecho, incluso aquí, pese a la enfermedad, siempre la vi guapa. Tenía estilo, lucía. Su carácter se enriqueció, tenía madurez, exigencia. Desde lo humano, no se entiende su vida».


Pablo J. Ginés

Testimonio de una pentapléjica católica que evitó cuatro suicidios- www.aciprensa.com

Mari Carmen Domínguez, madre de Olga Bejano, la pentapléjica más famosa de España fallecida en diciembre pasado, afirmó que gracias a los libros que con esfuerzo escribió su hija, cuatro personas desistieron de suicidarse.

"Sólo por esas personas valió la pena que Olga escribiera los libros", expresó la madre en el marco de la presentación del cuarto libro de Olga, "Alas Rotas", publicado en Madrid.

Olga Bejano no podía ver, hablar, moverse ni respirar sin asistencia. Necesitaba ayuda para todo. Sin embargo, con mucha paciencia pudo escribir cuatro libros a base de leves garabatos que interpretaba su enfermera.

Mari Carmen recordó que tras escribir "Voz de Papel" y "Alma de color salmón", empezaron "a llegar decenas de cartas al principio, cientos pasados unos meses, y miles con los años (…) entre esas cartas habían por lo menos cuatro que contenían una experiencia vital estremecedora: habían pensado en quitarse la vida y tras leer los libros de Olga manifestaban que habían cogido gusto por la existencia".

Por ello, la madre aseguró que la misión de Olga ha sido "acercar a la gente a Dios". "No tengo dudas de que Dios la eligió para esa misión y los frutos que dio son innumerables", expresó.

Más información sobre el cuarto libro, "Alas Rotas", en www.libroslibres.com

Al menos cuatro personas no se suicidaron al leer a Olga Bejano. www.ellibrepensador.com


«Alas rotas», la obra póstuma de la pentapléjica más famosa de España se presentó ayer en Madrid



No podía ver, hablar, moverse ni respirar sin asistencia. Necesitaba ayuda para todo, y así pudo escribir, con mucha paciencia, cuatro libros, haciendo unos leves garabatos con su mano derecha que los interpretaba su enfermera. Olga Bejano, la pentapléjica más famosa de España; Medalla de Oro de la Comunidad de La Rioja; la mujer que se carteaba con Ramón Sanpedro dándole ánimos para que no cruzará la frontera del desánimo, murió el pasado mes de diciembre dejando listo su cuarto volumen: «Alas rotas» (LibrosLibres), su testamento vital, que ayer se presentó en Madrid.

«Al menos cuatro personas no se suicidaron tras leer los libros de Olga Bejano». Quien lo afirma es Mari Carmen Domínguez, su madre y su ángel de la guarda en esos 23 años que estuvo de «arresto domiciliario» como le gustaba recordar con cierta sorna a Olga. «Tras escribir ‘Voz de Papel’ y ‘Alma de color salmón’ -cuenta Mari Carmen-, empezaron a llegar decenas de cartas al principio, cientos pasados unos meses, y miles con los años. No importaba que la dirección postal estuviera incorrecta. Correos nos traía esas cartas aunque sólo figurase el nombre de Olga. Y entre esas cartas habían por lo menos cuatro que contenían una experiencia vital estremecedora: habían pensado en quitarse la vida y tras leer los libros de Olga manifestaban que habían cogido gusto por la existencia». «Sólo por esas personas valió la pena que Olga escribiera los libros», dice emocionada la madre de la autora de «Alas rotas».


«Nunca nos sentimos abandonadas»

«Aunque las administraciones nos abandonaron -dice con un punto de rabia Mari Carmen- Dios nunca nos dejó solas. Olga le pedía constantemente: ‘Envíame a tal persona que necesito hacer este proyecto…’, y Dios nos llevaba a nuestra casa la persona necesaria para cada cometido. Él nos acompañaba». «En cierta ocasión, estando en un hospital -rememora con emoción esta riojana de tanta personalidad- sentí con tal fuerza la presencia de Dios que bajé por las escaleras 16 plantas para llegar a la capilla y decirle a Dios: ‘Ya lo sé, sé que estás conmigo’».

«La misión de Olga: acercar a la gente a Dios»

«¿Cuál ha sido la misión de Olga en esta vida?», se pregunta Mari Carmen Domínguez: «Acercar a la gente a Dios». «No tengo dudas de que Dios la eligió para esa misión y los frutos que dio son innumerables». «En cierta ocasión le escribió una persona que tenía muchas dudas de fe. La correspondencia duró varios meses y Olga no paraba de sostenerla, de darle ánimos, de mostrarle el camino para que encontrara la paz en el Señor». También cuenta la historia de un joven cuyos padres estaban completamente desesperados con él. Ya no sabían que hacer. Se había metido en una banda de rap, fumaba porros, sus notas se habían desplomado y no obedecía a nada que tuviera que ver con la familia. «Un día se presentó en casa junto con su madre. El chico se quedó tan impactado de vera a Olga con los tubos, en esa UVI doméstica, que le dijo: ‘Ostras, Olga, te prometo que un día llegaré a ser médico e intentaré curarte». Hoy, ese joven está a punto de terminar Medicina con las mejores notas de su promoción.

Más de ciento cincuenta personas

En un ambiente de gran emoción, más de ciento cincuenta personas se reunieron en la parroquia de San Gabriel, de los padres pasionistas, en Madrid, para escuchar con gran atención y lágrimas en los ojos el testimonio de Mari Carmen Domínguez, que en muchos momentos no podía contener su tristeza al recordar historias y anécdotas de los 23 años de enfermedad de Olga. Intervinieron también Pepe Fernández del Cacho, sacerdote pasionista, escritor y poeta, que lleva a gala la distinción que en su momento le otorgó Olga como «mi hermano adoptivo»; el cantautor José Luis Pardo que cantó dos canciones compuestas para Olga; el catequista Juan Pedro Alcaráz; la subdirectora de la revista Alba, Sonsoles Calavera, Marysia Szumlakowska y Pilar Ángel, amigas de Olga y, por último cerró el acto el editor de LibrosLibres, Álex Rosal.


Luis del Real Espanyol

miércoles, junio 03, 2009

Presentación de ‘Alas rotas’, libro póstumo de Olga Bejano. www.albagital.es



La escritora pentapléjica conmovió a España con su 'sí a la vida'

Poco antes de fallecer, Olga Bejano preparó este libro que puede considerarse como su testamento espiritual. ‘Alas rotas’ es una de las reflexiones más lúcidas y sobrecogedoras sobre la condición humana, el sufrimiento y la capacidad de superación personal.

Como consecuencia de una enfermedad neuromuscular, Olga quedó pentapléjica en plena juventud y sufrió la parálisis de todo su cuerpo durante 23 años. Gracias a un sorprendente método de comunicación que ideó, publicó ‘Voz de papel’ en 1997, al que siguió ‘Alma de color salmón’, y después ‘Los garabatos de Dios’.

Con este libro, que supone el cierre de una obra que ha cautivado a miles de lectores, se abre por última vez al lector la fascinante intimidad de la autora. Con su heroico esfuerzo por llevar adelante su gravísima enfermedad sin ceder nunca al desaliento, la autora demostró que el sentido de una existencia no depende tanto de la calidad de vida como del empeño por ir más allá de uno mismo y de saber abrirse a los demás.

La presentación del libro tendrá lugar el martes 9 de junio a las 20:00 horas en la parroquia de San Gabriel de Madrid, calle Arte nº 4, esquina calle Caleruega, (Pinar de Chamartín).

Intervendrán:

-María del Carmen Domínguez, madre de Olga.

-José Fernández del Cacho, sacerdote

-Juan Luis Pardo, cantautor

-Alex Rosal, presidente de Libros Libres

-Y los siguientes amigos de Olga: Eugenio Valderrama, Juan Pedro Alcaraz y Sonsoles Calavera.

Entrada libre hasta completar aforo.






Pulsar doble-click para ver en detalle más datos sobre la presentación.

jueves, mayo 28, 2009

Alas rotas. A la venta el día 2 de Junio.

Holaaaa a los amigos de Olga,

Esta mañana me ha llamado la madre de Olga para decirme que el libro póstumo de Olga, se pondrá a la venta el próximo día 2 de Junio. En la editorial de libros-libres ya lo tienen.

La presentación del libro está previsto que se realice el 11 del 12 de Junio, ya os iremos avisando.

Cuantas emociones vamos a vivir con ese regalo que nos ha dejado...

Un abrazo.

viernes, mayo 08, 2009

Olga Bejano, homenaje a una luchadora. Fundación Capaces


El modelo de familia tradicional en el que nos educamos generaciones anteriores ha cambiado.

Así los padres, que habitualmente han sido la principal fuente en la educación y transmisión de principios a sus hijos, parecen haber olvidado este rol trasladándolo directamente a las escuelas haciéndolas directamente responsables de su formación.
Si a esto le unimos el poco o nulo éxito de las políticas educativas nos encontramos inevitablemente con una juventud con una inadecuada e insuficiente formación ética y moral y una crisis de valores de la cual ellos no son responsables sino pacientes sufridores.

El contexto sociocultural de nuestra sociedad ha experimentado cambios vertiginosos en las 2 últimas décadas. El sistema de vida del siglo XXI tiene un nuevo modelo de comportamiento y el apasionante progreso tecnológico en las tecnologías de la información y la comunicación no solo nos ha aportado una mayor calidad de vida, sino que también nos pasa factura ya que el abuso de ciertos hábitos han variado la conducta de la juventud predisponiéndoles a interminables jornadas, sentados ante el ordenador y las videoconsolas.

Por otro lado, acostumbrados al pesebre tendencioso de la cómoda TV, engullimos TODO lo que nos entra por los sentidos sin reparar que la TV también es una escuela de formación. Muchos dirán que somos libres de decidir que cadena elegir e incluso si apagar el televisor..
El problema radica en que si esta decisión la toman los menores de edad podemos sucumbir al fracaso de la formación de nuestros retoños.

En verdad la TV en si misma no es ni buena ni mala, como otras cosas depende del uso que de ella hagamos; pero existe una moda de multitud de programas que nos enseñan como ganar mucho dinero en poco tiempo y sin esfuerzo vendiéndonos al mejor postor. Vemos como las personas cuentan sus vidas al detalle entrando en intimidades por un puñado de euros que yo me pregunto, ¿a quien coño le importan?

Recuerdo los referentes de mi infancia. Baden Powell, Ghandi, etc… ejemplos de virtudes y valores. VALORES, esa palabra que a alguno le produce una risa irónica. Y es que para superar los problemas de la vida resulta que esos valores son necesarios.

A mi la vida me ha enseñado a mirar hacia abajo para ver y valorar todo lo que tenemos lo cual no implica poder tener objetivos ambiciosos.

Me indigno al ver como desde los medios de comunicación sólo se cubren noticias del otro lado, de los que abandonan la lucha.
Películas como “Mar adentro” reproduciendo la decisión de morir de Ramón Sanpedro, o la desconexión de la vida de la italiana Eluana Englaro, (una muerte forzada), el caso de Craig Ewert, un profesor norteamericano de 59 años que permitió que las cámaras filmaran el momento de su muerte o el último episodio de Jade Goody, una ex concursante de Gran Hermano ingles que con 27 años que se ha convertido en una celebridad anunciando que a consecuencia de un cáncer cervicouterino terminal sólo le quedan algunos meses de vida y tras enterarse de que estaba desahuciada, está en conversaciones para televisar su muerte, son sin duda temas complejos de debatir pero al fin y al cabo nos brindan un canto a la eutanasia.

Pero existe otra postura más valiente que al parecer no vende tanto. Una postura cargada de afán de superación de espíritu de lucha, tesón e inconformismo ante los problemas y al fin, un ejemplo para todos los que de un modo u otro navegamos por la vida con nuestras limitaciones Por eso hoy quiero aprovechar para contaros algo distinto, Se trata de una historia real, La ejemplar vida de Olga Bejano.

Con independencia de las creencias de cada a cual la vida de Olga es un ejemplo a seguir por su afán de superación, alegría y actitud positiva ante las dificultades.

Ya ha pasado mas de un mes desde que tuve la ocasión, el orgullo de acompañar a Olga en su despedida funeral, Amiga de la juventud y pese a to lo que nos unía confieso con cierta rabia y arrepentimiento un poco lejana mi presencia en su vida.

Sin embargosu misa funaral, una celebración cargada de recuerdos y de emociones con lectura de sus testimonios y de su propia despedida que dejo escrita hicierón brotar lagrimas de nuestros ojos.

Reproduzco con permiso de su madre Mª Carmen algunos testimonios del blog de Olga Bejano al cual os remito encarecidamente acudáis a leer.

Olga no quería ver tristes a los suyos y pidió que su funeral terminara con música. y así fue, al ritmo de "Al marchar un beso y una flor" de Nino Bravo, "A mis amigos" de Alberto Cortez y "Resistire" del Dúo Dinámico.

Desde aquí mi pequeño homenaje cargado de emociónes a tí, Olga, Mujer cabal y virtuosa. Tu testimonio y ejemplo han reforzado mi fe y afán de superación.

Dejas en mí una huella imborrable difícil de expresar con palabras.



Escrito por Ignacio Asín Bermejo
http://www.fundacioncapaces.org.es

martes, diciembre 30, 2008

El funeral por Olga Bejano en Madrid, se celebrará el 15 de enero en San Gabriel de la Dolorosa

El funeral por Olga Bejano en Madrid, se celebrará el 15 de enero en San Gabriel de la Dolorosa a las 20:00 y será oficionado por José Fernández del Cacho, sacerdote amigo de la familia.

La dirección es la siguiente:

San Gabriel de la Dolorosa,
c/ Arte nº 4,

Metro más cercano: Pinar de Chamartin


jueves, diciembre 18, 2008

Olga Bejano ha dado sentido a la vida de muchas personas. Semanario ALBA

“Quiero que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día y mi hora”,decía a ALBA en marzo de 2007.Y ya lo decidió. Una parada cardiorrespiratoria en la madrugada del 5 de diciembre puso fin amás de 20 años de una enfermedad neuromuscular que paralizó el cuerpo de Olga. Pero la fuerza de su alma ha hecho Historia.

LLEVABA 22 años de inmóvil actividad. Metida en la cama, o sentada en la silla, sin salir de su habitación, removió el alma de todos los que la conocimos. Durante más de dos décadas no pudo hablar, ni ver, respiraba artificialmente y se alimentaba a través de una sonda. Ha sido la persona del mundo que más tiempo ha pasado alimentándose y respirando de manera artificial. Padeció casi 200 neumonías y varias decenas de intervenciones quirúrgicas. Y aunque, sin ayuda, no podía ni levantar un párpado, desde su ‘arresto domiciliario’, como ella lo llamaba con heroico sentido del humor, en este tiempo de sufrimiento sacó fuerza y ánimo para ayudar a muchas personas.

Entre tratamiento y tratamiento, escribió cuatro libros. Voz de papel, Alma de color salmón y Los Garabatos de Dios son los tres primeros. Moviendo ligeramente la cadera, con un cuaderno en las piernas y un rotulador entre los dedos, escribía unos garabatos ilegibles en los que su enfermera iba descifrando las letras. Olga murió con los deberes hechos. Tres días antes de morir,estuvo cinco horas trabajando con su enfermera, Livia Dancea, en su último libro: Alas rotas, que verá la luz esta primavera.
No podía mover un músculo, pero su habitación tenía más actividad que el despacho de un ministro. Además de la asistencia médica y los cuidados que requería su enfermedad, dedicaba tiempo a escribir, llamar por teléfono, leer... y, sobre todo, recibir visitas. “Soy un vegetal muy activo”, decía. Por su casa han pasado desde altas personalidades de la política hasta estrellas del deporte o de la canción. Pero, sobre todo,muchos amigos. Su puerta siempre estaba abierta. Así llegó a conocerla, por ejemplo, José Fernández del Cacho, sacerdote pasionista, que fue a visitarla después después de leer su libro. “Esta mujer intentó animar a vivir a Ramón Sampedro. Yo soy testigo de que hubo gente que no encontraba una salida y ella les dio una tonelada de ilusión para vivir. Ha dado sentido a la vida demuchas personas. Empezando por mí, porque cuando estaba un poquillo flojo, me ponía a su lado y te transmitía paz, serenidad, ánimo”,recuerda. Cuenta incluso que el testimonio de vida de Olga salvó del suicidio a dos personas.“Escomo santa Teresita de Lisieux, patrona de las misiones desde un monasterio. Pues ésta, desde el dolor, es increíble que haya movido a tanta gente. Olga ha hecho una gran labor silenciosa, ha sido un foco de Dios”.

Igual que José, llegó Manuela Álamo, una joven informática madrileña, a la vida de Olga: llamando a su puerta, después de leer sus libros. “El día que la conocí,me emocioné y ella en respuestame pegó una patada y le escribió a su enfermera con sus garabatos: ‘¡Manoli, no llores que yo no lloro!’. Así era Olga. Valiente, cariñosa, comprensiva, solidaria, con un fino sentido del humor y sobre todo con una confianza en Dios, como no he visto en nadie. Es difícil de entender la razón de tanto sufrimiento, sólo esa confianza en Dios puede darle sentido. Su testimonio ha ayudado a muchas personas a acercarse más a Él y a no dejarse abatir ante las dificultades, porque ella tenía más que nadie. Seguro que al llegar al cielo, le han puesto la alfombra roja y que si su vida fue muy fértil en la tierra, con las incapacidades que tenía, ahora en la otra vida, con todos los deberes cumplidos, va a ser la caña”.

Lidia González la conoció por motivos de trabajo: “Yo ayudaba a Álex Rosal en los inicios de la editorial LibrosLibres. Pocos días antes de Navidad llamó su enfermera, para saber cómo iba la edición del libro Alma de color salmón. Como todos los autores, Olga tenía mucha prisa en la edición. Me contó que le quedaba poco tiempo y que en cuanto se lo editásemos Dios la llamaría a emprender el vuelo a otra vida. Con la inquietud que me había dejado, llamé a Álex para contarle lo sucedido y le pedí permiso para llevarme el texto y leerlo en Navidades. Olga nos estaba confiando su mensaje, con la esperanza de que lo publicásemos y lo difundiéramos a los cuatro vientos. Ella me enseñó a confiar en Dios y llegué a experimentar que en las situaciones más dolorosas la Virgen siempre está muy cerca”.

Livia Dancea, su enfermera en los últimos meses,cuenta que éste ha sido el año más bonito y más lleno de su vida profesional. “He aprendido muchísimas cosas con Olga. Era admirable, sabía lo que es un sacrificio. Era una luchadora y me ha enseñado a luchar amí también. En mis momentos malos, en cuanto la veía, seme olvidaba todo.Te daba fuerza, un empujón hacia adelante sin decir nada, sólo al ver cómo luchaba”. Livia, que la atendió ya sin vida, cuenta que “cuando murió, estaba como una muñeca de porcelana, parecía que estaba viva, dormida”.


La muerte como luz, paz y amor infinito

En el funeral, al que asistieron multitud de familiares y amigos, el sacerdote apuntó que “en la vida estamos llamados a ser imagen de Dios y Olga fue la imagen de Cristo en la Cruz”. Como ella había pedido, se leyeron fragmentos de sus libros, como éste de Alma de color salmón:
“Descubrí que la muerte no existe: no es otra cosa que nacer a la vida. La muerte es luz, paz, descanso, bienestar y un amor infinito que en esta vida no existe y no se puede explicar”.

“Te recordamos inquieta, terca, incluso revolucionaria; desde tu cama has llegado más lejos que mucha gente con movilidad total”, dijeron sus amigas.

Su madre se dirigió también a sus seres queridos: “Necesitamos mucho de vuestro cariño y vuestro amor para llenar el vacío tan grande que deja esta mujer,mi hija, en nuestras vidas”,dijo.

Como Olga no quería ver tristes a los suyos pidió que terminara con música. Y así fue, a ritmo del Dúo Dinámico, con su canción Resistiré, y de la canción de Natalia, de La Quinta Estación. En Madrid se celebrará otro funeral el jueves 15 de enero a las 20:00h en San Gabriel de la Dolorosa, c/Arte nº 4, en el Pinar de Chamartín. (Se confirmará con seguridad en el blog a primeros de año)

Sonsoles Calavera

lunes, diciembre 15, 2008

Fallece Olga Bejano, un canto a la vida. www.larioja2.com





Admirada y querida, Olga siempre será sinónimo de esperanza, una mensajera de vida.

Olga Bejano, nacida en 1963, sufría una fuerte neumonía desde hacía varios días, complicada con una fiebre muy alta, lo cual precipitó de forma irreversible la parada cardiorrespiratoria que acabó con su vida en la madrugada de este viernes.

Con la edad de 23 años, contrajo una enfermedad neuromuscular que terminó paralizando la práctica totalidad de su cuerpo: durante más de veinte años no pudo hablar ni ver, respiraba artificialmente y se alimentaba a través de una sonda. Sin embargo Olga encontró un método para comunicarse con el exterior haciendo unos movimientos con su rodilla que sus distintas enfermeras aprendieron a traducir lentamente al abecedario.

Gracias a este original sistema, Olga había publicado con gran éxito tres libros: 'Voz de papel', 'Alma de color salmón' y 'Los garabatos de Dios', algunos de ellos traducidos y publicados fuera de España, con lo que su autora adquirió relevancia internacional. Su tercera obra es una lúcida reflexión sobre la grandeza y los límites del ser humano, y especialmente sobre la capacidad de superación de las personas. Actualmente se encontraba escribiendo su cuarto libro, titulado 'Alas Rotas'.

"Todos sabemos que lo peor de una enfermedad incurable es el principio y el final. Mi 'sprint' final, por muchos motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia. Siempre os estaré agradecida porque habéis sido un estímulo para seguir viviendo al límite de lo imposible", explicó Olga Bejano en su última entrevista.



El funeral por Olga Bejano se celebró el sábado 6 de diciembre a las once de la mañana en la iglesia de Santiago de Logroño. Allí acudieron numerosas personas para darle el último adiós a esta mujer, ejemplo de fortaleza y mensaje de vida para todos

viernes, diciembre 12, 2008

Misión Cumplida. Alfa y Omega


Cuando en 1987 le hicieron una traqueotomía para que pudiera respirar, empezó a comunicarse a través del papel. Cuando ya ni siquiera pudo escribir, se comunicaba con garabatos que hacía con la mano y la pierna, casi inmovilizadas. Así ha vivido Olga Bejano más de veinte años, luchando por una vida digna y por dar esperanza a los demás


Olga Bejano, dictando a su peculiar manera «Aquí estoy de nuevo, pero esta vez traigo hechos los deberes». Eso era lo que Olga Bejano quería decirle a quien la recibiera al otro lado del túnel. Ya había estado en él una vez, en 1987, al comienzo del proceso que la dejó pentapléjica, conectada a un respirador, alimentada con sonda y viendo sólo cuando alguien le levantaba el párpado. Y, el pasado viernes, se fue realmente con los deberes hechos. Apenas tres días antes había terminado de escribir su cuarto libro, Alas rotas, que se unirá a Voz de papel, Alma color salmón y Los garabatos de Dios (todos en LibrosLibres). Pero, además, dejó dos hojas de últimas voluntades, describiendo hasta el último detalle cómo quería que fuera su funeral, con música más propia de una celebración que de una despedida.

Olga estaba orgullosa de haber batido varios récords médicos, entre ellos el de la pentapléjica más longeva. En 1987, le pronosticaron seis meses de vida, y hace medio año los médicos de cuidados paliativos dijeron que no podían hacer más. Después de 200 neumonías, nunca parecía que una más fuera la definitiva. «Ocasiones para fallecer las tengo un día sí y otro también» -dijo en una ocasión-, por lo que afirmaba: «Si sigo aquí es por algo». Sabía que tenía una misión: «Soñé que el Señor me decía que iba a sufrir mucho, pero que mi sufrimiento iba a ser muy fértil. El tiempo le está dando la razón».

Un horario como el del dentista

No se quedó de brazos cruzados. Se quejaba de que sus días eran demasiado cortos y de que su horario parecía el del dentista, pues además de más de tres horas para la higiene, y de todos los demás cuidados que necesitaba, invertía varias horas cada día en contestar correo, recibir a gente, y escribir. Lo hacía todo con garabatos de la mano derecha, movida a pequeños impulsos con la pierna izquierda. Sólo su madre y las enfermeras la entendían. Y con la mano izquierda expresaba, muy a menudo, la risa. También luchaba por las necesidades de las personas que estaban en situaciones parecidas a la suya: «Muchos enfermos dependientes quieren vivir, pero están silenciados por la opinión pública y la presión mediática. Muchos enfermos sufren por no tener una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas. En vez de hablar de muerte digna, se debieran ofrecer ayudas para facilitar la vida digna». También pedía algo mucho más barato y más importante para ellos: la cariñoterapia.

Estaba convencida de que, «si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante». En su breve correspondencia con Ramón Sampedro, reconoció «que tenía tantas ganas o más que él» de irse, pero le animaba: «¿Por qué en vez de luchar para morir no luchas para vivir? ¿Por qué no luchas por conseguir una vida independiente, personal que te cuide, una silla eléctrica que te lleve de paseo, un ordenador que puedas usar con la voz?» También tuvo que luchar por sí misma. Llevaba cerca de un año sin que los servicios sociales le costearan una enfermera, a pesar de que calculaba que, al estar en casa, le había ahorrado a la Comunidad de La Rioja unos seis millones de euros. Su familia no podía permitirse a alguien las 24 horas del día. Y, sin enfermera, estaba condenada a estar en cama e incomunicada, pues tumbada no podía garabatear. ´

Su relación con Dios como de un enamoramiento: «Me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración no cuenta lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros». De esa experiencia habló en Los garabatos de Dios, en el que compartía -explicaba en su última entrevista- las «porciones de conocimiento y sabiduría» que «el Señor me ha ido enviando» y que «me han permitido abrir mi mente, madurar y crecer espiritualmente». Pero no dejaba de estar pegada al suelo: reconocía que estaba en el sprint final y que sufría mucho, tanto física como psicológicamente. Se despidió pidiendo oraciones y agradeciendo a sus lectores el estímulo «para seguir viviendo al límite de lo imposible».


Llevó a muchas personas a Dios

La primera vez que uno se acercaba a ella, Olga parecía «un muñeco de cera», explica el padre José Cacho, de Madrid. Pero, «al hablar con ella, veías que tenía una vida muy rica y plena, y que estaba al tanto de todo lo que ocurría a su alrededor», añade el padre José Ignacio Díaz, que el sábado celebró su funeral. Subraya de ella, sobre todo, «ese entusiasmo con el que empezaba cada día a luchar de nuevo por vivir. Tenía una espiritualidad profundísima, hablaba de Dios con tal seguridad, que daba la impresión de que sabía de lo que hablaba, de que tenía una relación muy fuerte y espontánea con Él». El padre Cacho atribuye a esto el efecto que tuvo, en persona o a través de sus libros, en mucha gente que lo necesitaba: «Ha llevado a muchas personas a Dios, porque no se vive así por amor al arte. He sido testigo de cómo cambiaban, al conocerla, personas que no querían seguir viviendo porque no veían sentido a su vida». También don José Ignacio conoció varios testimonios así, algunos de ellos el sábado pasado, en el funeral que presidió.


María Martínez

domingo, diciembre 07, 2008

Más allá de la admiración. Logroño despide a Olga Bejano, escritora y medalla de La Rioja, que falleció el viernes tras 22 años postrada en una cama













La compasión es un sentimiento que a menudo despiertan aquellos cuyas vidas son puestas en situación de extrema dificultad. Pero el caso de Olga Bejano va mucho más allá, ella siempre fue distinta, única. Es algo que se palpa en sólo unos minutos de conversación con cualquiera que la conoció. Absolutamente extraordinarias son la sincera admiración y la gratitud que fluyen en cada mención.
No cabe duda de que Olga trascendió por mucho la prisión de un cuerpo roto, una cama inseparable y la mera compasión. «Irradiaba vida: ibas a su casa y en vez de ayudarla, era ella la que te ayudaba a ti», ilustraba ayer su amiga Estrella Álvarez. En la madrugada del viernes, tras 22 años de castigo padeciendo una enfermedad degenerativa irreversible, su fortísima vitalidad se apagó del todo. Sus familiares y decenas de amigos la despidieron durante el todo el día de ayer en Logroño.

Fue una jornada de emociones y sentimientos encontrados: «Quiero compartir mi alegría y mi dolor; es un día intenso, pero bonito: mi hija ha descansado», dijo su madre, Mari Carmen, muy emocionada durante el funeral.


Últimas voluntades
Olga había planificado su propia despedida, en una nota que dejó con sus últimas voluntades. Entre ellas estaba la iglesia de Santiago para la misa (allí fue bautizado su padre, fallecido hace pocos años). En la ceremonia se leyeron pasajes de su literatura, algún poema, y se escuchó su música preferida, elocuentes piezas como 'Resistiré'. «Te recordamos inquieta, terca, incluso revolucionaria; desde tu cama has llegado más lejos que mucha gente con movilidad total», rezaron sus amigas.
Las puertas de su casa siempre estuvieron abiertas. «Me ha enseñado muchísimas cosas, como vivir una fe y creer en la otra vida; siempre salías animado de estar con ella», recordaba su amigo Alberto Calvo, estudiante universitario que no podía perderse la despedida. «La suya es una lección de valor y esperanza», valoró Fernando Salazar, uno de los médicos que la ha tratado estos años.

El entierro fue en Fuenmayor. No pocos la recuerdan en presente: «Una gran persona, me hace ser más cristiano», dijo Amancio, quien compartió con ella la enfermera que cuidaba a su ser querido. «Ella y su madre, una vida de fortaleza, entrega y amor», concluyó María Jesús.

www.elcorreodigital.com
E. Alcalde. Logroño
Foto: Rafael Lafuente

Muere Olga Bejano, la pentapléjica más longeva del mundo.Dió testimonio de su fe cristiana hasta el final. www.religionenlibertad.com

Olga Bejano, pentapléjica durante más de 20 años, ha fallecido la pasada madrugada a las 5.30 debido a una parada cardiorrespiratoria. La riojana sufría una fuerte neumonía desde hacía varios días, complicada con una fiebre muy alta, lo cual precipitó de forma irreversible la parada cardiorrespiratoria que acabó con su vida, según ha explicado a LibrosLibres la enfermera que la atendió hasta el último día. El año pasado publicó su último libro, "Los Garabatos de Dios", en el que daba testimonio de cómo Dios le había ayudado a lo largo de su enfermedad.

Olga Bejano contrajo en 1987 una enfermedad neuromuscular que terminó paralizando la práctica totalidad de su cuerpo: durante más de 20 años no pudo hablar, ni ver, respiraba artificialmente y se alimentaba a través de una sonda.

Sin embargo, encontró un método para comunicarse con el mundo: haciendo unos garabatos aparentemente incomprensibles con los impulsos de su rodilla, que sus distintas enfermeras aprendieron a traducir lentamente al abecedario. Gracias a este original sistema, Olga había publicado con gran éxito tres libros: “Voz de Papel”, “Alma de color salmón” y “Los Garabatos de Dios”, todos ellos editados por LibrosLibres. Su último libro, precisamente, era una lúcida reflexión sobre la grandeza y los límites del ser humano y, especialmente, sobre la capacidad de superación de las personas. Actualmente se encontraba escribiendo su cuarto libro, titulado “Alas Rotas”.

Vivir al límite. “Todos sabemos que lo peor de una enfermedad incurable es el principio y el final. Mi sprint final, por mucho motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia. Siempre os estaré agradecida porque habéis sido un estímulo para seguir viviendo al límite de lo imposible.” explicaba Olga Bejano en la última entrevista que concedió.

En los últimos tiempos, Olga había protestado públicamente por una disputa político-administrativa en el Gobierno de la Rioja que le impedía contar con una enfermera todos los días y le obligaba a estar en cama la mayor parte del tiempo. Por ese motivo, la autora había decidido devolver la Medalla de Oro de La Rioja, que le había sido concedida hacía diez años.

Olga y Ramón Sampedro. Olga Bejano comenzó a ser más conocida cuando, hace cuatro años, la película Mar Adentro, protagonizada por Javier Bardem en el papel del pentapléjico Ramón Sampedro, consagró la eutanasia como forma de acabar con el sufrimiento y lo quiso elevar a la categoría de “derecho humano”. Gracias a la película se supo que Olga y Ramón habían mantenido breve correspondencia, hecho que también había contado Olga en su segundo libro, “Alma de color salmón”. En él, la autora relataba: "Ramón me dijo que no podía entender cómo en esas condiciones yo quería seguir viviendo; le respondí que tenía tantas ganas o más que él de irme. Al contrario que él, yo sí era creyente y quería que Dios decidiera cuál era mi día y mi hora, mientras tanto lucharía por conseguir la asistencia que necesito. […] Le propuse, ¿por qué en vez de luchar para morir no luchas para vivir? ¿Por qué no luchas por conseguir una vida independiente, personal que te cuide, una silla eléctrica que te lleve de paseo, un ordenador que puedas usar con la voz? Yo nunca diré sí o no a la eutanasia, daré testimonio con mi vida, los hechos son lo único que cuenta”.

Sara Martin / Rel

Olga Bejano falleció ayer tras una enfermedad que le mantuvo 21 años conectada a una máquina para vivir. La Rioja.com

Olga Bejano, escritora pentapléjica Medalla de Oro de La Rioja en 1998, falleció ayer tras una enfermedad que le mantuvo 21 años conectada a una máquina para vivir

«Soy católica, siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere no termina ahí su vida, sino que sigue en otro lugar. Cuando estuve en coma, tuve la suerte de tener la famosa experiencia del ‘túnel’. Transformó mi vida. Desde entonces, no tengo ningún miedo a la muerte, porque sé que cuando uno se va, allí se siente mucho placer y bienestar. Como en esa experiencia pude comprobar lo agradable que es estar allí, me pregunto ¿por qué tuve que volver aquí? Aunque no quería volver, aquí estoy. Está claro que mi hora no había llegado. Todos tenemos un día marcado para nacer y otro para morir, y yo no soy quién para alterar el destino y mucho menos los planes de Dios».

Olga Bejano redactó estas líneas en 1995 para explicar su postura sobre la eutanasia. Ayer, tras 21 años de lucha, Olga Bejano, única mujer galardonada con la Medalla de La Rioja en 1998, atravesaba definitivamente el ‘túnel’.

Mujer, escritora, vital pero profundamente enferma, luchadora por los derechos de los sufrientes, ejemplo ético que prefería que no se le tomase como ejemplo, mente lúcida hasta el final… Olga Bejano ha dejado una profunda huella en todos los que la conocieron.

Su valía humana, y su cabeza envidiablemente ‘amueblada’, le sirvieron para, sin salir de su habitación ni desconectarse de las máquinas que le mantenían con vida, escribir diversos libros con un componente común: ensalzar el valor de la vida. Alma de color salmón, Voz de papel o, el más reciente, Los garabatos de Dios hicieron que su historia y reflexiones llegasen a miles de personas.

Nacida en 1963 y con una brillante carrera como fotógrafa por delante, a los 24 años una enfermedad neuromuscular comenzó a paralizarla hasta dejarla imposibilitada para hablar, escribir, comer y respirar por sí misma. Entonces, los médicos le diagnosticaron seis meses de vida.

Desde ese diagnóstico, esos 21 años de «propina divina», como ella los calificaba, han engrandecido su figura. Gracias a un sistema de comunicación propio y al cuidado de su madre, Mari Carmen, sus hermanos y amigos, Olga pudo vivir con su fuerza característica. Hasta que ayer se cerró el último capítulo de la vida de una mujer luchadora y digna, que hoy recibirá sepultura en Fuenmayor, tras el funeral, a las 11en Santiago.

V. Soto

Fallece a los 45 años Olga Bejano, enferma desde 1987 . El correo digital

A Olga Bejano se le cerró a las cinco de la mañana de ayer la última rendija de su vida. El miércoles cumplió 45 años, 22 de ellos postrada permanentemente. Esta mujer corajuda, enferma desde 1987 debido a una irreversible enfermedad neuromuscular, gestionó la adversidad con apabullante acopio de ánimo. Durante estos largos años se rodeó de un entorno solidario compuesto por gentes cómplices que la miraban y admiraban su entereza. A pesar de su desgracia, nunca se le paró el tiempo, a pesar de la insoportable e inevitable rutina. Era única.

En una entrevista que firmó este periodista con ocasión de la concesión de la Medalla de La Rioja en 1998, resumía telegráficamente así su cotidianeidad: «Mi vida está cronometrada como la agenda del dentista». Y es que sólo el aseo diario le ocupaba unas tres horas y media.

Dos íntimos libros
Familiares y amigos siempre han vivido desviviéndose por Olga, dependiente de un respirador, y autora de dos libros, 'Voz de Papel' y 'Alma de color', textos intimistas creados garabateando un cuaderno que su madre Carmen, o la enfermera a su cargo, descifraban siempre con tino. Leer sus notas, reflexiones, estados de ánimo y apuntes a vuelapluma supone entrar en la mente de un ser que, aunque con cuerpo roto, rezumaba positividad y optimismo. Y hay una constante: siempre sostuvo que Dios y el Más Allá existen.

A pesar de ser privada de la voz, de no poder moverse en su casa e incluso alcanzar en algún momento el estado de coma, no decayó, sino que transfundía energía a los íntimos. A eso se le llama generosidad. Sepa el lector que Bejano estuvo clínicamente muerta durante seis minutos hace 21 años.
Su caso adquirió tanta notoriedad por su fortaleza que el 'El Juli' la visitó en su casa de la logroñesa calle Chile. «Te admiro porque eres luchador desde niño», se hizo entender.
En la tarde de ayer amigos y conocidos acudieron al tanatorio. No demasiados por la rapidez del desenlace. Hoy estarán muchos más en los actos fúnebres, ya que tejió grandes telarañas de afecto.
En una sala podía verse una corona y una cinta con el nombre de Pedro Sanz. Éste habló con la madre de Olga y le transmitió sus condolencias. La fallecida recibió la Medalla de La Rioja en 1998, pero hace unos meses trascendió el deseo familiar de devolver el galardón institucional.

El funeral se celebrará hoy a las 11 de la mañana en la Iglesia de Santiago de Logroño y el entierro en el camposanto de Fuenmayor a las 17 horas, lugar donde está enterrado su padre, fallecido hace pocos años.

Para quienes la conocieron, Olga Bejano era un referente de cómo administrar la vida cuando a uno, inesperadamente, se le astilla. Le ocurrió a ella: antes de la enfermedad era una joven estudiante de Arte y Decoración y que también ejerció la fotografía profesional en Madrid
Siempre recordó con añoranza su etapa capitalina en la sociedad de la prisa. Allí notó los primeros síntomas. Para ella era un tormento subir las escaleras del metro, cargar con las grandes carpetas de fotografías. Despotricaba porque las monjas de la residencia en la que se alojaba no le permitían usar el ascensor. Ya se sabe que el cuerpo es chivato.

Fue la donante más joven de La Rioja. Tenía entonces sólo 17 años. Sus órganos estarán al servicio de quien los necesite.
Seguro que desde ayer Olga estará en su preciado Más Allá.

Un ejemplo de entereza.


Miguel A. Rojo. Logroño

Fallece la riojana Olga Bejano, pentapléjica durante más de 20 años. La Rioja.

La riojana Olga Bejano, pentapléjica desde hace más de 20 años, falleció durante la madrugada de este viernes debido a una parada cardiorrespiratoria, consecuencia de una fuerte neumonía que sufría desde hace varios días. Bejano contrajo en 1987 una enfermedad neuromuscular que terminó paralizando casi todo su cuerpo. Durante más de dos décadas no pudo hablar, ni ver, respiraba artificialmente y se alimentaba a través de una sonda.Además, había padecido casi 200 neumonías y varias decenas de intervenciones quirúrgicas.


Sin embargo, Olga encontró un método para comunicarse con el exterior haciendo unos levísimos movimientos, aparentemente incomprensibles, con los impulsos de su rodilla. Sus distintas enfermeras aprendieron a traducir lentamente este singular 'abecedario'. Gracias a este original sistema, la ahora fallecida había publicado tres libros: 'Voz de papel', 'Alma de color salmón' y 'Los Garabatos de Dios'. El último de ellos era una profunda reflexión sobre la grandeza y los límites del ser humano y, especialmente, sobre la capacidad de superación de las personas.
Actualmente se encontraba escribiendo su cuarto libro, titulado 'Alas rotas'.
Profunda creyente, la parapléjica afirmaba en la última entrevista que había concedido que "mi 'sprint' final, por muchos motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia". Durante su penosa enfermedad, Olga mantuvo una breve correspondencia con el también pentapléjico Ramón Sampedro, a quien ayudaron a morir. En su segundo libro, Olga relataba que "Ramón me dijo que no podía entender cómo en esas condiciones yo quería seguir viviendo: le respondí que tenía tantas ganas o más que él de irme. Al contrario que él, yo sí era creyente y quería que Dios decidiera cuál era mi día y mi hora".


En los últimos tiempos, Olga Bejano había protestado públicamente por una disputa político-administrativa con el Gobierno de La Rioja, que le impedía contar con una enfermera todos los días y le obligaba a estar en cama la mayor parte del tiempo.
Por eso motivo, decidió devolver la Medalla de Oro de La Rioja que le había sido concedida hace una década.

Olga Bejano, 20 años pentapléjica, muere «con los deberes hechos». Comparaba su relación con Dios con un enamoramiento y vivía sólo para él

MADRID- Ayer viernes murió en Logroño Olga Bejano, escritora pentapléjica que durante dos décadas luchó por la dignidad de los enfermos y escribió sobre su vida cotidiana y espiritual. Su funeral es hoy a las once de la mañana en la Iglesia de Santiago de Logroño.

Olga nació en 1963, la segunda de cuatro hermanos, en una familia de fe fuerte forjada en Cursillos de Cristiandad. A los 23 años, una parada cardíaca la dejó cinco días en coma, del que salió paralizada y casi ciega. Le pronosticaron seis meses de vida, pero ella luchó durante 21 años. No podía moverse, ni hablar. Estaba conectada a un respirador artificial y se alimentaba por sonda. Sólo podía ver unos segundos si alguien le levantaba el párpado derecho. «Oír, sentir y pensar es lo único que puedo hacer solita», explicó. Sufrió 200 neumonías y decenas de intervenciones quirúrgicas. Con su pierna empujaba la mano paralizada para dibujar garabatos o señalar letras en un abecedario, que sus enfermeras anotaban. Escribió cuatro libros, todos en la editorial LibrosLibres. En «Voz de Papel» y «Alma de Color Salmón» reflejó su enfermedad, su fortaleza, su sentido del humor. «Los Garabatos de Dios», publicado en 2008, recogió su vivencia espiritual y religiosa. Allí explica que escribe porque «el Cielo» se lo pidió en sueños. Su cuarto libro está aún por publicar.

Se oponía a la eutanasia y pedía más apoyo a los enfermos: «en vez de hablar de muerte digna, se debieran ofrecer ayudas para facilitar la vida digna». Además de «cariñoterapia», añadía,se requiere «trabajo y dinero y es fácil, cómodo y barato legalizar la eutanasia».

Necesitaba cuatro enfermeras especializadas que se turnasen, algo imposible de pagar con su pensión de 180 euros. Por lo general sólo tenía una o dos, pagadas por la familia. Los cuatro primeros meses de 2008, con el caos de la Ley de Dependencia, se quedó sin enfermeras. Su padre, amigo y confidente, murió en 2004. Su madre se volcaba en ella como podía. «Lleva veinte años sin dormir siete horas seguidas; cada tres horas ha de aspirar mis secreciones, porque no puedo tragar saliva», explicaba Olga. Devolvió el pasado abril la Medalla de Oro de la Rioja al presidente autonómico, Pedro Sanz, como gesto de protesta ante las «palabras bonitas» y «promesas que no se cumplen», porque las ayudas autonómicas y de dependencia no llegaban a ella ni a los otros enfermos. «Calculo que he ahorrado más de seis millones de euros a la Comunidad», denunciaba en una carta abierta a la Prensa. La enfermedad y la oración modelaban su alma, decía ella, como el a nadar contracorriente hace fuerte y sabroso al salmón. Tenía confianza «en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda». Comparaba su relación con Dios con un enamoramiento: «me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír». Creía que su esfuerzo era útil: «soñé que el Señor me decía que iba a sufrir mucho, pero que mi sufrimiento iba a ser muy fértil. El tiempo le está dando la razón». Cuando estuvo en coma, tan cerca de morir, sintió que «no existe nada similar para poder hacer una comparación a la luz y el bienestar que allí se sienten». Tenía planes para su muerte: «cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía: Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes».

Muere la mujer que intentó que Ramón Sampedro cambiase de idea. El Semanal Digital

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Olga Bejano era pentapléjica, pero había desarrollado un sistema para comunicarse con el que transmitió siempre su voluntad de vivir más allá del dolor y de las dificultades.



No podía hablar ni escribir
Olga Bejano ideó un sistema para mover la mano con el que hacía unos garabatos que su enfermera pudo traducir. Así escribió tres libros y preparaba un cuarto.

La riojana Olga Bejano, nacida en 1963, sufría una fuerte neumonía desde hacía varios días, complicada con una fiebre muy alta, lo cual precipitó de forma irreversible la parada cardiorrespiratoria que acabó con su vida en la madrugada de este viernes.

Olga Bejano contrajo en 1987 una enfermedad neuromuscular que terminó paralizando la práctica totalidad de su cuerpo: durante más de veinte años no pudo hablar ni ver, respiraba artificialmente y se alimentaba a través de una sonda.

Sin embargo, encontró un método para comunicarse con el mundo: haciendo unos garabatos aparentemente incomprensibles con los impulsos de su rodilla, que sus distintas enfermeras aprendieron a traducir lentamente al abecedario. Gracias a este original sistema, Olga había publicado con gran éxito tres libros: Voz de papel, Alma de color salmón y Los garabatos de Dios, algunos de ellos traducidos y publicados fuera de España, con lo que su autora adquirió relevancia internacional. Su tercera obra es una lúcida reflexión sobre la grandeza y los límites del ser humano, y especialmente sobre la capacidad de superación de las personas. Actualmente se encontraba escribiendo su cuarto libro, titulado Alas Rotas.

"Todos sabemos que lo peor de una enfermedad incurable es el principio y el final. Mi sprint final, por muchos motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia. Siempre os estaré agradecida porque habéis sido un estímulo para seguir viviendo al límite de lo imposible", explicó Olga Bejano en su última entrevista.


Olga y Ramón Sampedro
Olga Bejano comenzó a ser más conocida cuando, hace cuatro años, la película Mar Adentro de Alejandro Amenábar, protagonizada por Javier Bardem en el papel del tetrapléjico Ramón Sampedro, defendió la eutanasia como forma de acabar con el sufrimiento, dentro de una campaña por su legalización. Gracias a la película se supo que Olga y Ramón habían mantenido una breve correspondencia, hecho que también había contado Olga en Alma de color salmón: "Ramón me dijo que no podía entender cómo en esas condiciones yo quería seguir viviendo; le respondí que tenía tantas ganas o más que él de irme. Al contrario que él, yo sí era creyente y quería que Dios decidiera cuál era mi día y mi hora, mientras tanto lucharía por conseguir la asistencia que necesito... Le propuse, ¿por qué en vez de luchar para morir no luchas para vivir? ¿Por qué no luchas por conseguir una vida independiente, personal que te cuide, una silla eléctrica que te lleve de paseo, un ordenador que puedas usar con la voz?".

El funeral por Olga Bejano se celebrará este sábado a las once de la mañana en la iglesia de Santiago de Logroño.

viernes, diciembre 05, 2008

Olga ya está en la Casa del Padre

Queridos amigos de Olga,

Hoy, día 5 de diciembre, ha fallecido nuestra amiga y tenemos un Ángel en el Cielo

Mañana, 6 de diciembre habrá un funeral en la Iglesia de Santiago de Logroño. Será a las 11:00 de la mañana.

Os pido oraciones para ella y su familia.


Un fuerte abrazo

lunes, julio 14, 2008

Dios me ama. Revista Espiritualidad

Cuando tenía diez años, una monja joven de mi colegio me contó un chiste que me hizo mucha gracia y que ahora no me haría ninguna. Dice así: «Estaba un niño en misa cantando El Señor hizo en mí maravillas, gloria al Señor. Al lado había otro niño, que el pobre estaba cojo, manco, cheposo y bizco; y le mira al niño guapo y le dice: Si contigo el Señor hizo maravillas, ¿conmigo qué hizo, experimentos?»
Cuando me contaron ese chiste, era una niña preciosa, altita, delgadita, con una cara muy dulce, una melena rubia oscura y unos ojos grandes verdes preciosos. Por eso, el chiste me hizo gracia.

Ahora soy como el niño feo. Dios ha hecho en mí experimentos, estoy paralizada de la cabeza a los pies, incluida la cara. A esos ojos verdes les tienen que levantar un párpado para poder ver. Con mi boca no puedo hablar ni comer. Mis oídos van perdiendo audición. Todo lo que antes se movía, ahora está quieto. Sólo mi pensamiento va a la velocidad de la luz. Soy como una marioneta que consuelo a todo el que me ve. Unos me dicen: «¡Cuánto te ama el Señor, eres un alma elegida!»; y hay días que lo siento así. Otros me dicen: «¡Pero cómo puedes creer en Dios! Si Dios existiese, no permitiría que un ser humano sufra tanto como tú».

Cuando me quedo a solas, pienso en todas las muestras de amor que el Señor me ha dado y que me sigue dando. Cada una de sus maravillas, entre comillas, ha sido una muestra de amor que me acerca cada día más a su Cruz.

Cuando era un cisne, me pasaba el día viendo mi reflejo y admirando mi belleza. Al hacerme patito feo dejé de mirarme en cualquier cosa que reflejase mi imagen. En ese momento empecé a ver la Cruz, conocí al Señor y sólo a lo que se conoce se quiere.

Al quererlo, entendí cómo Él a mí me quiere.

Olga Bejano

Baraja de amigos

QUERIDA Olga:

Cuesta creer que tu historia es, de verdad, historia y no cuento, novela, película de ciencia ficción: ¡cuesta mucho!

Decir que una mujer de 44 años no puede moverse ni hablar ni alimentarse (a no ser por sonda) y que vive casi ciega y conectada a un respirador artificial parece demasiado, pero aún resulta verosímil. Añadir que ya a sus 23 años sufrió una parada cardiaca que la mantuvo cinco días en coma, o que en dos décadas ha sufrido 200 neumonías, con varias decenas de intervenciones quirúrgicas, y que a pesar de todo mantiene un fino sentido del humor, suena casi a una broma pesada. Pero contar, encima, que escribe y publica libros en esas condiciones parece una fantasía absurda, por no decir una falta elemental de respeto. Como si Olga Bejano confundiera la vida con una sesión de circo practicando el 'más difícil todavía'.

Sin embargo, querida Olga, las realidades patentes se imponen a cualquier duda sin necesidad de argumentaciones o discursos. Tú vives en un lugar geográfico: Logroño, y más concretamente en la calle Chile, número 39, 1º A; naciste en Madrid el 3 de noviembre de 1963, y posees como cualquier ciudadano tu DNI con el que resulta fácil identificarte. Pero ¿podrías decirnos cómo te las arreglas para hacer lo que haces y vivir como vives?

Por fortuna, ya nos lo cuentas con detalle en tus libros-milagro. ¡Tus libros! Primero fue ‘Voz de papel’, porque la otra voz ya estaba perdida; luego, ‘Alma de color salmón’, o sea, un retrato de tu alma tomando como referencia el pez que avanza río arriba saltando contra corriente; ahora nos regalas ‘Los garabatos de Dios’, con un título que lo dice todo para quien conoce tu forma de escribir. A golpe de garabato y abecedario, como afirmas tú misma, “apoyando mi mano paralizada en mi pierna derecha y con impulsos [mínimos] de la pierna muevo la mano”. La enfermera adivina la intención del garabato y, a paso de tortuga cansada, la misma enfermera va escribiendo letra a letra una palabra, luego una frase, una página, un libro.

Esto requiere una ‘especialización’ para la que no sirve cualquiera. Recuerdo el prólogo a tu segundo libro, escrito por el Obispo de Calahorra, don Ramón Búa, que en sus estudios bíblicos tuvo que especializarse en la difícil escritura cuneiforme. Cuenta cómo llegó a leer alguna página plasmada en ladrillos recién amasados con garabatos en forma de palotes y cuñas. Y termina reconociendo humildemente: “No creo que llegase nunca a poder leer e interpretar los garabatos de Olga, por mucha escuela que recibiese al respecto”. Y es que para eso se necesita ser Belinda Bárcenas Ruesgas, Patricia Blanco Torre, Mar Prado Somalo o María Pilar Pérez-Medrano Garrido, dicho así, con nombre y dos apellidos en homenaje a tus heroicas amanuenses.

Iba a preguntarte qué te mueve a escribir y publicar estos libros dada tu situación. Pero ya te has adelantado a responder a mi pregunta, que es la de muchos. En el último libro afirmas que el Cielo te lo pidió en sueños “como quien no quiere la cosa”, añades. Por eso no has necesitado estrujarte las meninges: “De toda mi evolución espiritual he dicho lo que me ha salido del corazón en cada momento, pero queda mucho en mi interior”. Pues, querida Olga, no nos prives de ello.

De una u otra forma, siempre hablas de tu experiencia, una experiencia rica y profunda, porque “oír, sentir y pensar es lo único que puedo hacer solita”. Esto es lo que ha ido produciendo en ti una maduración personal que luego viertes en tus libros. Lo confiesas en una reciente entrevista concedida a la Agencia Zenit y escrita, naturalmente, a tu manera: “El Señor me ha ido enviando a lo largo de estos veinte años porciones de conocimiento y sabiduría. Estos maravillosos regalos, eslabones de una misteriosa cadena, me han permitido abrir mi mente, madurar y crecer espiritualmente. Al principio no era consciente de lo que el Señor estaba haciendo conmigo y, ante la aparición de los regalos divinos, decía lo que casi todos los mortales: ‘¡Qué casualidad, qué coincidencia’. Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que todas esas casualidades y coincidencias no eran tales, y que todas, toditas, todas venían del Cielo. El Cielo hace las cosas más grandes de la manera más sencilla y todos sentimos cuándo un sueño es diferente.”

Eso sí, tu espiritualidad es franca, abierta, espontánea, sin el más mínima rastro de artificio. Te preguntan directamente cómo estás y respondes sin elevarte al tercer cielo: “Fatal, físicamente una neumonía cada semana y psicológicamente muy cansada de tanto luchar con la burocracia. Llevamos dos meses sin enfermera y como soy una enferma de UCI, mi madre hace tres turnos ella sola. Estoy encamada todo el día y casi incomunicada”.

Tú eres irrebatible cuando afirmas, por ejemplo: “El sufrimiento y la oración han ido cambiando mi vida y transformando mi escala de valores y actitudes”. O bien: “Desearía gritar [a todos] que valoren su vida, que la sepan vivir sanamente... Que aprendan a ser felices y así podrán hacer felices a los demás. No se puede dar lo que no se tiene”.

Incluso puedes hablar con autoridad sobre un tema tan delicado como la eutanasia. Merece la pena arrancar de ese testimonio unas frases que iluminan la terrible situación que a muchos se les plantea: “Respeto y entiendo a los que se dan por vencidos y no creen en nada; pero yo, cuando llegue al ‘otro lado’, quiero tener la sensación de llevar mis deberes cumplidos. Para mí, todo lo que quita la paz interior no es bueno, y los médicos que han practicado eutanasias creen que hacen bien, pero confiesan sentirse mal. Todo enfermo terminal tiene derecho a una atención digna... esto equivale a trabajo y dinero, y es fácil, cómodo y barato legalizar la eutanasia (...). La mentalidad de que sólo lo biológicamente bueno vale la pena impide conocer grandes realidades humanas...”. Esta última frase merece figurar en negrita en cualquiera de esos libros que tratan sobre los valores.

Dices también: “Todos queremos gozar y ninguno sufrir; pero el sufrimiento y la muerte vienen incluidos en la vida. Soy partidaria de luchar, no de huir (...), por eso lucharé hasta el final.”. ¿Y si alguno pregunta cuál es la última raíz de esta actitud tuya ante la vida? Nunca has eludido la respuesta: “Soy católica, siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere no termina ahí su vida”.

Tus libros, Olga, son un testimonio impagable. También, seguro, el que todavía tienes en el telar y aún no ha sido bautizado. Pero, muy especialmente, ese precioso libro que es tu vida.


Ángel Sanz Arribas, cmf
Revista IRIS DE PAZ, mayo-junio, 2008

jueves, mayo 22, 2008

Un canto a la vida,... de COLORES !

Olga Bejano nació el 3 de Noviembre de 1.963,en el seno de una familia de profundas raíces cristianas. Sus padres, Juanma y Mª Carmen, de fe recia y miembros activos del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, transmitieron a sus hijos lo que ellos tenían por la perla preciosa y el tesoro escondido:

su FE

Olga creció junto a sus 3 hermanos, ella es la segunda, y tuvo una infancia feliz. A los 12 años fue operada de una apendicitis; una sencilla operación de la que tardó 8 horas en despertar de la anestesia. Ese fue el comienzo de una grave y desconocida enfermedad. El primer síntoma fue un cambio en su voz y siguió una dificultad para tragar y deglutir los alimentos. El cuello, los brazos y las piernas fueron poco a poco debilitándose. Comenzó un largo peregrinaje por médicos y hospitales, pero la enfermedad parecía no tener un diagnóstico y por lo tanto tampoco había un tratamiento y sin tratamiento tampoco era posible la curación.

A pesar de todo intentó llevar una vida lo más normal posible. Continuó con sus estudios de arte y decoración, especializándose en fotografía obteniendo el título de fotógrafa profesional. Y entre una cosa y otro estudió también puericultura. Sus dos pasiones eran el arte y los niños.

La rama de su vida se truncó definitivamente un domingo, 27 de mayo de 1.987. Tenía 23 años. Ese día sufrió una parada de glotis que le impidió respirar, lo que le ocasionó varias paradas cardiorrespiratorias y entró en un coma profundo. Pasó cinco días entre la vida y la muerte. Milagrosamente Olga salió del coma y su mente no sólo no presentó lesiones graves debido a la falta de oxígeno, sino que es ahora, si cabe, más ágil que antes.

Olga cuenta que en esos días que pasó en coma tuvo una experiencia cercana a la muerte, comúnmente llamada “experiencia del túnel”. Esta experiencia dio a su vida un giro de ciento ochenta grados; su vida sufrió una transformación espiritual y religiosa impresionante. A pesar del gran sufrimiento físico y psicológico que desde entonces ha ido creciendo, fue descubriendo y acercándose a un Dios amor.
Desde hace más de veinte años está paralizada de la cabeza a los pies, no puede hablar, tampoco escribir con letra legible. Se comunica con unos garabatos que logra con un leve movimiento de su mano derecha que consigue gracias a pequeños impulsos que hace con su pierna izquierda. Así traza unos signos ilegibles que sólo entiende la enfermera que está a su lado. Lleva traqueotomía y respira artificialmente con ayuda permanente de una máquina. Se alimenta por medio de una sonda y su visión se reduce a unos segundos cuando alguien le levanta el párpado derecho. Por sí misma sólo puede oír, pensar y sentir. Por si fuera poco a este sufrimiento tuvo que sumar la muerte repentina e inesperada de su padre tras una parada cardiorrespiratoria que sufrió precisamente el día que Olga cumplía 40 años. Así uno de los pilares en los que se sustentaba su vida se fue a la casa del Padre y perdió además de a un padre, a un amigo, cómplice, enfermero y confidente.

Quien piense que una vida así no puede tener sentido comete un gravísimo error. Olga tiene una vida mucho más plena y con mucho más sentido que la de muchos que podemos andar, oír, ver, respirar y comer. Desde su silla de ruedas es capaz de movilizar a medio mundo.

En 21 años ha escrito tres libros. “Voz de papel”, “Alma color salmón” y “Los garabatos de Dios”. Sólo Dios sabe a cuantos de sus lectores ha llenado de esperanza y ha ayudado a vivir. A su habitación llegan gentes de todo el mundo, atraídos por su ejemplo de vida; muchos le piden consejo, consuelo, ayuda, oraciones….

Ha recibido un sin fin de galardones: Riojana del año; Medalla de Oro de La Rioja por su trabajo y esfuerzo. Se le concedió la medalla de la Virgen de la Esperanza, patrona de Logroño y fue nombrada socia honorífica de dicha cofradía.

Olga es todavía una mujer joven, inteligente, testaruda, muy dinámica, totalmente puesta al día, con una gran fe y que consigue lo que se propone.
Desde el confinamiento de su habitación es una luchadora nata por la justicia y por conseguir que enfermos que, como ella, dependen físicamente de otras personas, tengan la atención debida para llevar una vida digna. Para ello no ha dudado en hablar con quien haga falta: políticos, medios de comunicación, médicos de casi todas las especialidades. Ante nadie se ha quedado callada, desde su silencio ha reivindicado todo aquello que considera justo.

Olga no intenta convencer a nadie, sólo da testimonio de vida, pero sin pretenderlo contagia su fe. Junto a ella Carmen, su madre, es otro ejemplo de cómo se puede vivir con alegría y entereza en medio del sufrimiento.
Los que hemos tenido la inmensa fortuna de haber podido visitarla en alguna ocasión, no hemos encontrado un cuadro de dolor y tristeza; todo lo contrario ha sido como zambullirnos en un baño de esperanza, alegría, fortaleza, generosidad y amor, mucho amor.
Por eso Olga Bejano es un canto a la vida
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Revista Kerygma. Cursillos de Cristiandad

Olga Bejano. Un canto a la vida, de COLORES !



Olga Bejano nació el 3 de Noviembre de 1.963, en el seno de una familia de profundas raíces cristianas. Sus padres, Juanma y Mª Carmen, de fe recia y miembros activos del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, transmitieron a sus hijos lo que ellos tenían por la perla preciosa y el tesoro escondido: su fe.
Olga creció junto a sus 3 hermanos, ella es la segunda, y tuvo una infancia feliz. A los 12 años fue operada de una apendicitis; una sencilla operación de la que tardó 8 horas en despertar de la anestesia. Ese fue el comienzo de una grave y desconocida enfermedad. El primer síntoma fue un cambio en su voz y siguió una dificultad para tragar y deglutir los alimentos. El cuello, los brazos y las piernas fueron poco a poco debilitándose. Comenzó un largo peregrinaje por médicos y hospitales, pero la enfermedad parecía no tener un diagnóstico y por lo tanto tampoco había un tratamiento y sin tratamiento tampoco era posible la curación.
A pesar de todo intentó llevar una vida lo más normal posible. Continuó con sus estudios de arte y decoración, especializándose en fotografía obteniendo el título de fotógrafa profesional. Y entre una cosa y otro estudió también puericultura. Sus dos pasiones eran el arte y los niños.
La rama de su vida se truncó definitivamente un domingo, 27 de mayo de 1.987. Tenía 23 años. Ese día sufrió una parada de glotis que le impidió respirar, lo que le ocasionó varias paradas cardiorrespiratorias y entró en un coma profundo. Pasó cinco días entre la vida y la muerte. Milagrosamente Olga salió del coma y su mente no sólo no presentó lesiones graves debido a la falta de oxígeno, sino que es ahora, si cabe, más ágil que antes.
Olga cuenta que en esos días que pasó en coma tuvo una experiencia cercana a la muerte, comúnmente llamada “experiencia del túnel”. Esta experiencia dio a su vida un giro de ciento ochenta grados; su vida sufrió una transformación espiritual y religiosa impresionante. A pesar del gran sufrimiento físico y psicológico que desde entonces ha ido creciendo, fue descubriendo y acercándose a un Dios amor.
Desde hace más de veinte años está paralizada de la cabeza a los pies, no puede hablar, tampoco escribir con letra legible. Se comunica con unos garabatos que logra con un leve movimiento de su mano derecha que consigue gracias a pequeños impulsos que hace con su pierna izquierda. Así traza unos signos ilegibles que sólo entiende la enfermera que está a su lado. Lleva traqueotomía y respira artificialmente con ayuda permanente de una máquina. Se alimenta por medio de una sonda y su visión se reduce a unos segundos cuando alguien le levanta el párpado derecho. Por sí misma sólo puede oír, pensar y sentir. Por si fuera poco a este sufrimiento tuvo que sumar la muerte repentina e inesperada de su padre tras una parada cardiorrespiratoria que sufrió precisamente el día que Olga cumplía 40 años. Así uno de los pilares en los que se sustentaba su vida se fue a la casa del Padre y perdió además de a un padre, a un amigo, cómplice, enfermero y confidente.
Quien piense que una vida así no puede tener sentido comete un gravísimo error. Olga tiene una vida mucho más plena y con mucho más sentido que la de muchos que podemos andar, oír, ver, respirar y comer. Desde su silla de ruedas es capaz de movilizar a medio mundo.
En 21 años ha escrito tres libros. “Voz de papel”, “Alma color salmón” y “Los garabatos de Dios”. Sólo Dios sabe a cuantos de sus lectores ha llenado de esperanza y ha ayudado a vivir. A su habitación llegan gentes de todo el mundo, atraídos por su ejemplo de vida; muchos le piden consejo, consuelo, ayuda, oraciones….
Ha recibido un sin fin de galardones: Riojana del año; Medalla de Oro de La Rioja por su trabajo y esfuerzo. Se le concedió la medalla de la Virgen de la Esperanza, patrona de Logroño y fue nombrada socia honorífica de dicha cofradía.
Olga es todavía una mujer joven, inteligente, testaruda, muy dinámica, totalmente puesta al día, con una gran fe y que consigue lo que se propone.
Desde el confinamiento de su habitación es una luchadora nata por la justicia y por conseguir que enfermos que, como ella, dependen físicamente de otras personas, tengan la atención debida para llevar una vida digna. Para ello no ha dudado en hablar con quien haga falta: políticos, medios de comunicación, médicos de casi todas las especialidades. Ante nadie se ha quedado callada, desde su silencio ha reivindicado todo aquello que considera justo.
Olga no intenta convencer a nadie, sólo da testimonio de vida, pero sin pretenderlo contagia su fe. Junto a ella Carmen, su madre, es otro ejemplo de cómo se puede vivir con alegría y entereza en medio del sufrimiento.
Los que hemos tenido la inmensa fortuna de haber podido visitarla en alguna ocasión, no hemos encontrado un cuadro de dolor y tristeza; todo lo contrario ha sido como zambullirnos en un baño de esperanza, alegría, fortaleza, generosidad y amor, mucho amor. Por eso Olga Bejano es un canto a la vida.

viernes, abril 18, 2008

Ahí te quedas, dependiente

Lleva 33 años encerrada, enferma, en su habitación. Treinta y tres años de "arresto domiciliario" ,como ella lo llama con heroico sentido del humor. Olga Bejano tiene una enfermedad degenerativa parecida a la Esclerosis Lateral Amiotrófica, ELA.
Su mente lúcida, creativa y desbordante de vitalidad está presa de un cuerpo inmóvil, esclava de los tratamientos de la ‘unidad de cuidados intensivos’ en la que se ha convertido su habitación.

Olga es la única mujer galardonada con la medalla de Oro de La Rioja, que recibió en 1998. Pero ahora ha devuelto ese premio. Y es que denuncia así el abandono al que se ha visto sometida y el incumplimiento de las promesas que hizo el presidente Pedro Sanz. “No rechazo el cariño con que se me concedió por parte del pueblo riojano, lo que rechazo es la hipocresía de estos acontecimientos en los que se pronuncian palabras muy bonitas que no se sienten y se hacen promesas que nunca se cumplen”, explica en una carta a Sanz de la que informa el Diario de la Rioja. “Nos dijeron que con la Ley de Dependencia nos iban a dar una ayuda mensual insuficiente y que todavía no ha llegado. Pero lo que enfada a Olga es que se que se haya incumplido lo que nos prometió el Gobierno regional”, explica su madre en declaraciones al diario.

Es dramático, trágico, brutal,que en la sociedad del SPA haya una enferma así, pasando calamidades, sin que a los poderes públicos parezca quitarles el sueño. Es el colmo de la hipocresía que se gasten miles de euros en convencernos de que fumar es malo o de que hay que ponerse el cinturón de seguridad y se abandone a su suerte a una pentapléjica, cuya frágil salud se resquebraja por momentos.

A pesar de todo, Olga no se rinde, y piensa luchar hasta el final, para que se reconozcan, no sus derechos sino, como ella dice, los de “todos los enfermos”.


Entre tu y yo. Sonsoles Calavera. El foro de intereconomía.

Olga Bejano se queda sin enfermera por una disputa político-administrativa del Gobierno de la Rioja y devuelve la Medalla de Oro de la Rioja.

La historia de Olga Bejano es muy conocida. Hace 33 años contrajo una enfermedad degenerativa que le ha dejado pentapléjica. Apenas ve y oye. Sólo se comunica mediante un leve movimiento de su rodilla. Está atada a un respirador artificial y también se alimenta de manera artificial. A pesar de ello, su vida es un testimonio del canto a la vida y de las ganas de vivir.
Tantas que en 1998 el Gobierno de la Rioja (donde vive), le concedió su primera Medalla de Oro. Ahora sin embargo, le ha escrito una carta al presidente de la Rioja, Pedro Sanz, devolviendo la medalla. “No el cariño del pueblo riojano”, pero sí a la “hipocresía” del Gobierno regional. “Medalla de ida y vuelta”, titulaba el diario de La Rioja este domingo.

Resulta que Bejano contaba con una enfermera que le ayudaba en sus movimientos y tareas diarias. La financiaban los servicios sociales. De esta manera ella podía permanecer en su casa sin necesidad de ser hospitalizada. Mejor calidad de vida y un ahorro para las arcas del Gobierno regional. Muchos millones calculados por Olga.

Pero ocurre que entra en vigor la Ley de Dependencia. Bejano lo celebra y pide que se atienda con prioridad a los dependientes “XXL”, como dice ella. Sin embargo, por cuestiones político-administrativas, desde el mes de enero está sin enfermera. Lo cubre la Ley de Dependencia, pero el Gobierno regional está esperando a que el Gobierno central envíe la financiación. En medio se encuentra una enferma que requiere de esa atención inmediata. Antes de que los políticos resuelvan sus problemas. Y cansada de la situación y molesta con la hipocresía, ha decidido devolver la medalla otorgada. Por ella y por todos los enfermos, dice en su carta dirigida a Sanz. Toda una llamada de atención para los políticos que pleitean por competencias y financiación. Hay ciudadanos que no pueden esperar a que arreglen sus problemas.


Por lo breve. www.hispanidad.com

domingo, abril 13, 2008

Medalla de ida y vuelta. La Rioja.

Olga Bejano devuelve al Gobierno regional la Medalla de La Rioja concedida en 1998 al sentirse engañada por las autoridades que le prometieron atención



Olga Bejano, Medalla de Oro de La Rioja en 1998 y única mujer galardonada con esta distinción hasta el momento, ha decidido devolver su premio al Gobierno de La Rioja, que se lo concedió. La decisión parte del abandono al que se cree sometida por parte de las instituciones y a los compromisos que, según su testimonio, ha incumplido el presidente regional, Pedro Sanz.

Bejano asegura que, con la concesión del premio, las autoridades regionales le prometieron el cuidado de dos enfermeras y una auxiliar, aunque la familia renunció a una enfermera y a la auxiliar para hacerse cargo de parte de los turnos.

Sin embargo, señala que desde hace cuatro meses no se cumple ninguna de las promesas. «Por ello quiero comunicarle mi deseo de renunciar a un galardón, muy bello, pero absolutamente inútil. No rechazo el cariño con que se me concedió por parte del pueblo riojano; lo que rechazo es la hipocresía de estos acontecimientos en los que se pronuncian palabras muy bonitas que no se sienten y se hacen promesas que nunca se cumplen», explica Olga Bejano en la carta dirigida a Pedro Sanz. Desde diciembre, cuenta con una enfermera, pagada por la familia, que la atiende, y mañana está previsto que el consejero de Salud, José Ignacio Nieto, se reúna con la madre de la joven para seguir buscando soluciones a las demandas asistenciales que plantea.

Olga sufre una pentaplejia, respira y se alimenta mediante máquinas y se expresa a través de unos garabatos que su actual cuidadora entiende y traduce. Esa comunicación y sus escasos movimientos, los impulsos de su brazo derecho que le sirven para escribir sus 'garabatos' y los aleteos del izquierdo, para expresar risa (que además utiliza muy a menudo), son los que ahora entiende negados por la falta de asistencia, que le obliga a estar postrada en la cama casi la totalidad del día. «Me he sentido incomunicada, inmovilizada y sucia», garabatea Olga en su cuaderno.

Sólo Livia, la enfermera contratada por la familia, acude a asistirla durante cuatro horas cada dos días. «Es imposible encontrar enfermeras que puedan atenderla porque no podemos competir con las condiciones laborales del sistema sanitario», indica su madre, Carmen Domínguez. «Nos dijeron que con la entrada de la Ley de Dependencia nos iban a dar una ayuda mensual insuficiente y que todavía no ha llegado. Pero lo que enfada a Olga es se haya incumplido lo que nos prometió el Gobierno regional», prosigue.

Ahora, cuando Olga parece entrar en la recta final de su enfermedad tras 33 años de sufrimientos, la atención continua de su madre y las ayudas de Livia, su enfermera, cada dos días, son el sustento de esta mujer que se encuentra «en condiciones que indican que soy una enferma de cuidados intensivos, pero estoy en mi casa atendida esencialmente por mi madre y acompañada por familiares y amigos. -«Ha pensado usted alguna vez cuánto dinero he ahorrado a la Comunidad? Yo he hecho mis cálculos y le aseguro que es una cantidad importante, más de seis millones de euros», indica Olga en su carta.

Pero pese al abandono, Olga no piensa dejar de luchar hasta el final para que reconozcan «no mis derechos, sino los de todos los enfermos», concluye.

V. Soto

miércoles, febrero 20, 2008

«Los garabatos de Dios», tercer libro de una mujer pentapléjica. Zenit.org

Lleva más de dos décadas sin poder hablar. Respira a través de un respirador artificial, se alimenta con una sonda, ha sufrido casi 200 neumonías durante este tiempo, varias decenas de intervenciones quirúrgicas... La vida es cada vez menos fácil para Olga Bejano, de 44 año, pero ha decidido continuar «trabajando» y luchando para dar a conocer todo el potencial de sabiduría que lleva dentro.

Después de haber escrito «Voz de Papel» y «Alma de Color Salmón», sale ahora a la luz su última obra, «Los Garabatos de Dios», en la editorial LibrosLibres. Con motivo de su publicación, Olga ha concedido esta entrevista en la que explica los porqués de esta obra, repasa su situación actual y da razones de su esperanza en medio del dolor.


-- Lo primero, lo que todos quieren saber, la pregunta que siempre surge en los foros... ¿Cómo estás?
-- OB: Fatal, físicamente una neumonía cada semana y psicológicamente muy cansada de tanto luchar con la burocracia. Llevamos dos meses sin enfermera y como soy una enferma de U.C.I., mi madre hace tres turnos ella sola. Estoy encamada todo el día y casi incomunicada.

--En segundo lugar, enhorabuena por tu tercer libro, y por todo el esfuerzo que ha supuesto. Dices en tu libro que el Cielo te pidió «en sueños, como quien no quiere la cosa», que escribieras otro libro. ¿Cómo fue?
--OB: En este libro explico cómo el Señor me ha ido enviando a lo largo de estos veinte años porciones de conocimiento y sabiduría. Estos maravillosos regalos, eslabones de una misteriosa cadena, me han permitido abrir mi mente, madurar y crecer espiritualmente. Al principio no era consciente de lo que el Señor estaba haciendo conmigo y, ante la aparición de los regalos divinos, decía lo que casi todos los mortales: «¡Qué casualidad, qué coincidencia!». Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que todas esas casualidades y coincidencias no eran tales, y que todas, toditas, todas venían del Cielo. El Cielo hace las cosas más grandes de la manera más sencilla y todos sentimos cuándo un sueño es diferente.

--¿No quedaba suficientemente reflejada la importancia que la religión tiene en tu vida en los otros dos libros? ¿Por qué añadir más?
--OB: ¡Ni muchísimo menos! De toda mi evolución espiritual y religiosa he dicho lo que me ha salido del corazón en cada momento, pero queda mucho en mi interior.

--Ahora ya, por fin, ¿tienes los deberes cumplidos?
--OB: Eso sólo Dios lo sabe, aunque a mí trabajo no me falta, pero lo más importante ya lo he hecho y lo he comprendido.

--¿La relación con Dios que tienes ahora ha sido un regalo de tu enfermedad, o más bien de tu experiencia cercana a la muerte?
--OB: Las dos cosas van unidas. Para mí la enfermedad no es ningún regalo. Los seres humanos somos materia y alma. La materia se puede deteriorar por muchas circunstancias y si uno acepta la situación de forma positiva, puede ser una oportunidad para madurar y crecer como persona humana y espiritualmente. Dios me da otro tipo de regalos poniendo en mi vida un equipo médico de cuidados paliativos fabuloso, un montón de amigos que siempre están cuando los necesito, mi familia, vosotros los lectores, etc.

--¿Deseas decir algo a tantas personas que alrededor del mundo te conocen, te quieren y rezan por ti cada día, aunque nunca te han visto personalmente?
--OB: Desearía gritar que valoren su vida, que la sepan vivir sanamente, que vivan en paz y que sepan ser felices con lo que son y con lo que tienen. Que aprendan a ser felices y así podrán hacer felices a los demás. No se puede dar lo que no se tiene.

--¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista?
--OB: Todos sabemos que lo peor de una enfermedad incurable es el principio y el final. Mi «sprint» final, por muchos motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia y a mis lectores siempre os estaré agradecida porque habéis sido un estímulo para seguir viviendo al límite de lo imposible.


Este es el enlace para ver un video en youtube sobre Olga.




Sara Martín

sábado, febrero 02, 2008

A Olga Bejano. La mujer más bella de España

Una sufrida mujer, en actitud de oración,
acompaña a Jesús rogando en Getsemaní
y en las angustiosas sombras, preludio de redención,
sus lágrimas se fusionan, con las gotas carmesí
de aquél, que por ella, en injusta agonía,
apuró amarga hiel y al Padre ofrendó su cuerpo.
Expresa como el Señor de su dulce compañía;
que el alma que está dispuesta es más fuerte que el cuerpo.

De su pluma saltan gráciles "Los garabatos de Dios",
para hacernos entender, con sutil "Voz de papel",
el valor de la existencia cuando se esconde en Dios,
que al ser labrada por Él torna en valioso joyel.

Río arriba en su carrera, su vida es luchar, sufrir…
En las piedras graba el curso de su viaje y su misión.
Heroína del silencio de admirable valentía.

Puesto que en su corazón Olga eligió vivir,
rosa es el color de su alma, de su "Alma color salmón"
y recibirá corona su singular osadía.


Ítalo Violo V. Color Salmón MSN.
Desde Venezuela
http://arteyexpresiondeitaloviolo.blogspot.com/

domingo, diciembre 09, 2007

Los Garabatos de Dios.




Los Garabatos de Dios es el testimonio de una vida que ha respondido a la llamada de Cristo y cada día de su vida responde a la felicidad de esa Presencia. A pesar del dolor y de un continuo sufrimiento. Digo mal: precisamente por ese dolor y ese sufrimiento.





Por esa completa identificación con el Crucificado. Durante la lectura de Los garabatos de Dios, de Olga Bejano Domínguez (Editorial LibrosLibres) la emoción es una constante. Una mujer cuyo cuerpo come por una sonda y que respira artificialmente, pero cuya alma se mueve en la ternura divina como pez en el agua. Uno sale reconstituido después de leer estas páginas, después de conocer la alegría de Olga. No se lo pierdan.

Guillermo Urbizu. El Semanal Digital

lunes, marzo 12, 2007

Testimonio de Vida


Alma y Cuerpo. Olga Bejano Domínguez

Soy una mujer joven, el 3 de Noviembre de 2007 cumpliré 44 años. Debido a una enfermedad que tuve a los 12 años producida al parecer por un componente de la anestesia, el Curare, en una simple operación de apendicitis y estoy paralizada de la cabeza a los pies, soy pentapléjica. Mi enfermedad es desconocida, no es congénita ni hereditaria, pero el proceso y sus consecuencias son similares a las de una E.L.A. ( esclerosis lateral Amiotrófica)

Sólo puedo ver durante unos segundos si me levantan el párpado derecho. No puedo hablar y tampoco escribir; me comunico con un sistema de abecedario inventado por mí y con unos garabatos que sólo entiende la enfermera que me cuida habitualmente. Me alimento a través de un botón de gastrostomía y respiro de manera artificial, con ventilación asistida y soporte de oxígeno. Tengo dolores crónicos, neumonías, fiebre casi a diario y muchas infecciones continuas. Las más frecuentes son: respiratorias, gastrointestinales, de ojos ( porque al no poder parpadear se me ulceran las córneas y se producen infecciones)y de oídos (porque llevo drenajes para poder oír y para que las secreciones no se acumulen. Sin los drenajes no oiría absolutamente nada).

A los 23 años, la enfermedad se complicó y dio su cara más fea. Me pronosticaron seis meses de vida, los cuales se han convertido en 20 años de propina divina. Entonces decidí que no podía esperar a la muerte de brazos cruzados."El alma es más fuerte que el cuerpo", mi madurez espiritual y crecimiento personal han sido motivados por el sufrimiento y por la superación personal día a día. Mi alma es fuerte, luchadora, alegre, trabajadora y con una Fe y Confianza fuertes en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda.

Mi oración es algo constante, no falta en ninguno de mis días. Desde que descubrí a Dios me sucede algo similar a cuando una persona se enamora: me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante ese tiempo. Cuando rezo le pido fuerzas a Dios para que me ayude a llevar una Cruz que cada día pesa más y que ya ha pasado por las tres fases: al principio era ligera, como si fuera de plástico; luego se transformó en madera y desde hace 14 años, me parece de hierro. Tampoco dejo que la añoranza de sueños que no puedo cumplir me quite la paz y me abandono en la Confianza, en la Divina Providencia de Papá Dios. Dios es quién más sabe de mi. Un día soñé que el Señor me decía que iba a sufrir mucho, pero que mi sufrimiento iba a ser muy fértil. El tiempo le está dando la razón y es verdad que está dando sus frutos.

También tengo días difíciles en los que me enfado con el mundo pero intento ver las cosas de manera positiva. Aunque todos tenemos días de todos los colores, todos son necesarios en la vida para crecer y madurar espiritualmente y como personas. Como a cualquier ser humano, no me gusta sufrir. Respeto y entiendo a las personas que solicitan la eutanasia. A mi, en más de una ocasión, me han dado ganas de tirar la toalla pero ahora sé que si sigo aquí es por algo, porque ocasiones para fallecer las tengo un día sí y otro también. Mi deseo es poder llegar al final con la calidad de vida que vaya precisando y con dignidad y que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día y mi hora.

Cuando estuve en coma, tuve la suerte de tener la famosa experiencia del túnel. Esto dio a mi vida un giro de 180º y me puso rumbo hacia la búsqueda de Dios. Hasta entonces había sido una creyente un poco “light”. Desde entonces, no tengo miedo a la muerte porque sé que cuando una persona fallece, en esta vida no existe nada similar para poder hacer una comparación a la luz y el bienestar que allí se sienten. Aunque también sé que todos somos diferentes y dependiendo de la vida que cada uno haya tenido, alcanzará una intensidad más o menos de la luz infinita, que es Dios. Mientras espero, mi vida consiste en luchar, sufrir, orar y escribir. Sin Dios nada vale la pena y hay que buscarlo como si quisiéramos encontrar las llaves en el fondo del mar. La Fe es muy importante para aprender a asumir cada uno su cruz. La Fe la forman dos letras. Para mi simbolizan la F de fuerza y la E de esperanza. La esperanza es el último sentimiento que cualquier ser humano debe conservar hasta el último instante de su vida.

El tiempo que la enfermera está conmigo no es suficiente para hacer todo lo que a lo largo de las 24 horas de cada día preciso. La vida es el don más preciado que Dios nos da y depende de cómo la viva cada uno puede ser el más desgraciado del planeta o el más feliz.



He escrito dos libros, el primero, "Voz de papel" narra mi experiencia de vivir con la enfermedad y la peregrinación por todos los hospitales por donde estuve ingresada. Cuento el dolor que provocó el diagnóstico y sus consecuencias clínicas. Me hice preguntas que a día de hoy nadie ha sabido responder: “¿por qué yo?, ¿por qué así?, ¿ y por qué no a mi?, ¿qué sucedió en aquel quirófano?, ¿fue una negligencia médica?, ¿falló mi organismo?, ¿estaba predestinada a ello?...”

A través de este libro, el lector puede sentir los temores, las luchas, el agotamiento, los momentos buenos, los malos y cómo sentí la presencia de Dios. Todo esto sin acritud, sin amargura, con sentido del humor en muchos casos, aunque también con buenas dosis de sinceridad, pero ante todo llena de esperanza. Por esta obra me concedieron, por votación popular, el título de Riojana del Año y seis meses más tarde, la Medalla de Oro de la Rioja, la más alta condecoración del Gobierno de La Rioja y, hasta el día de hoy, 7 de Marzo de 2007, soy la única mujer a la que se le ha otorgado tal distinción. Considero que en La Rioja, hay muchísimas mujeres merecedoras de tal distinción y, sinceramente, en la orla rodeada de tantos hombres, cuando la veo cada año, me siento muy sola y me gustaría ver la fotografía de más compañeras.



El segundo libro, "Alma de color salmón" me costó más tiempo escribirlo debido al avanzado deterioro físico producido por la enfermedad. Tardé dos años y medio en escribirlo y otros dos en publicarlo. En este libro hablo poco de mi cuerpo y en cambio abro mi alma.






Mi tercer libro está a punto de terminarse, contará con unos treinta capítulos en los que hablo de mi vida espiritual y humana. El libro ya está escrito, ahora la enfermera, a ratitos, me va leyendo todos los capítulos y, a medida que los vamos corrigiendo, voy añadiendo y quitando cosas. Si Dios quiere, yo calculo que para el mes de marzo estará terminado, aunque luego tendré que negociar con los editores y seguir todos los trámites. Ya se sabe que los papeleos y los asuntos judiciales necesitan bastante tiempo, pero estoy segura de que, cueste lo que cueste, el libro algún día, cuando Dios quiera, verá la luz. Ya tengo dos experiencias anteriores y, si con el primero tuve dificultades, con el segundo tampoco lo tuve fácil. Lo importante es que ya está escrito. El título en un principio iba a ser “Los eslabones de Dios” pero, como el título alguna persona indiscreta lo desveló y corrió la voz por internet a la velocidad de la pólvora, lo tuve que cambiar y ahora es muuuuuucho más bonito. Y la editorial es toda una incógnita porque no la sé ni yo.

Cualquier vida es única e irrepetible y tiene tanto valor como otra. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante. Mis días son muy cortos. A las diez en punto llega la enfermera. Comienza el aseo personal que dura tres horas. Aquí se incluyen ejercicios de rehabilitación, cura de heridas, toma de constantes, administración de medicación, aspiraciones constantes por boca y traqueostomía y esterilización de aparatos. Alrededor de la una ya estoy preparada y comienza mi vida social: leo y contesto el correo postal y electrónico, hago llamadas telefónicas, recibo visitas y escribo artículos, cuentos y libros. De estos últimos voy por el tercero, como ya he dicho antes. En cada libro que he escrito, cuando veía el final, me surgían todo tipo de dificultades pero, cuando estaba a puntito de tirar la toalla, alguien aparecía en mi vida por sorpresa y todo veía la luz.

A las dos de la tarde la enfermera me acuesta para descansar; a las dos y media la comida, todo tiene que estar bien triturado para que la sonda de gastrostomía no se obstruya. A esa hora la enfermera se va y me deja descansar. Luego regresa a las cuatro y media y me vuelve a levantar, a asear, me da la merienda junto con la medicación y de nuevo, nos ponemos a trabajar. Por la tarde sigo con mis actividades sociales hasta las siete y media, cuando la enfermera termina su jornada laboral y le cede el relevo a mi cansada madre que me da la cena y me cuida hasta la mañana siguiente. Los fines de semana y festivos no dispongo de enfermera con todo lo que ello conlleva: mi madre ya no me puede asear, ni cambiarme de postura. En la cama no puedo garabatear y sólo puedo decir palabras muy concretas a través de mi abecedario.

Siempre he respetado a las personas que sufren. Nadie mejor que yo conoce el sufrimiento pero no quiero que se me manipule ni a favor, ni en contra de la eutanasia porque cada persona es un mundo y cada vida tiene unas circunstancias. Respeto y entiendo a quien quiera solicitar la eutanasia, pero pido el mismo respeto hacia los que queremos luchar hasta el final, que somos muchos.

La Madre Teresa de Calcuta dijo una vez que en los países cuyo nivel económico parece ser elevado, existen expresiones de pobreza oculta, tales como la tremenda soledad de la gente que se siente abandonada y que sufre mucho por ello. Actualmente muchos enfermos con enfermedades dependientes quieren vivir pero están silenciados por la opinión pública y la presión mediática. Muchos enfermos sufren por no tener una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas. Siempre intento luchar por los derechos de los enfermos, por el derecho a servicios de salud más humanos e integrales y la dignificación del enfermo como un ser completo en sí mismo y con aportes que hacer a la sociedad. En vez de hablar de "muerte digna", se debieran ofrecer ayudas para facilitar la "vida digna".

Y por último y quizás lo más importante, es la “cariñoterapia”. Todo enfermo necesita grandes dosis de cariño, quizás más de lo normal, por también tener menos de lo normal diariamente. Una sonrisa, un detalle, la compañía o simplemente que sientas que eres importante para las personas que tienes al lado, es fundamental para la vida de cada uno de nosotros, y más para los que nos enfrentamos al dolor cada día. Para mí, cada día que tengo de vida es una propina y un milagro. Entiendo que, procesos de enfermedad larga, crónica y cruel, hagan que algunos enfermos se desesperen pero, en mi caso, mi cuerpo cada día me va diciendo que lógicamente no voy a más joven, ni a más sana; siento que el final cada día está más próximo. Si veinte años se me han pasado en un suspiro, el final sólo Dios sabe lo que va a durar pero seguro que me llegará cuando menos lo espere.

Cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía:
- ¡Otra vez estoy aquí!,
y le diré:
- Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver. Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes.


Los días cada vez son más difíciles de llevar físicamente. Las infecciones son continuas; no paso ni diez días sin necesitar un antibiótico. Los dolores son más intensos y aunque no me agarro a esta vida, me produce melancolía que esta etapa finalice.

Siento algo similar a cuando veía que iba a dejar de ser niña. Sabía que después de la infancia llegaba la adolescencia. La infancia no era el final, al igual que el fallecimiento tampoco lo es. Cada etapa de la vida tiene su encanto y hay que saber adaptarse a todo. Yo admiro mi capacidad de adaptación. Desde que era una miniatura tuve que adaptarme a los diferentes traslados debido al trabajo de mi padre: de ciudad, casa, colegio, amiguitos/as, diferentes idiomas y dialectos... Muchos psicólogos me han confesado que cualquier otra persona no aguantaría un aislamiento de veinte años entre las cuatro paredes de mi habitación con el añadido del intenso sufrimiento producido por la enfermedad.

La edad media de un ser humano que reside en Europa es de 80 años por eso se suele decir cuando se cumplen los cuarenta años “esta vida son dos días y yo ya he vivido uno”, por eso siento que la vida se me escapa.

Muchas personas me suelen decir: ¡claro, como tú has tenido y sigues teniendo experiencias místicas, eso refuerza tu fe y tus ganas de vivir! , y yo les digo que a los diecisiete años, por ejemplo, no había vivido ninguna experiencia trascendental y ya muchas veces, sin motivo alguno, se me saltaban las lágrimas de lo afortunada que me sentía, por ejemplo, al ver un amanecer en una estación de esquí o al bajar por la noche esquiando con antorchas un grupo de jóvenes formábamos palabras como “paz”.

miércoles, diciembre 20, 2006

Comunicado de Olga Bejano a todos sus lectores

Queridos amigos,
Olga me ha pedido que os envíe este comunicado, así que recibirlo como un regalo de Navidad único y personal para cada uno de vosotros. No os podéis imaginar el trabajo que supone escribir cada letrita, y he de decir, que no es cortito todo lo que os cuenta.
Feliz Navidad a todos, os dejo con ella.

Queridos lectores:
Soy Olga Bejano, en primer lugar, quiero pediros disculpas por no poder atenderos como os merecéis. Es difícil que os podáis hacer una idea de como es mi día a día. Os haré un símil: soy como una muñeca que sólo puede funcionar cuando dispongo de la ayuda de la enfermera. Si tuviera enfermera las 24 horas del día podría hacer muchas más cosas. De todas maneras, mi cuerpo necesita atenciones constantes.
Cada día sólo dispongo de 2 horas y media o tres para trabajar. Todos los días, por muy mal que me encuentre, me levantan a la silla de ruedas y organizo la jornada.

Mi tercer libro no se va a titular "Los eslabones de Dios". Va a ser un parto literario de mellizos, serán unos treinta capítulos en los que hablo de mi vida espiritual y humana. El libro ya está escrito, ahora la enfermera, a ratitos, me va leyendo todos los capítulos y, a medida que los vamos corrigiendo, voy añadiendo y quitando cosas. Ya vamos por capítulo 19 y el libro, casi seguro tendrá algo más de treinta. Si Dios quiere, yo calculo que para el mes de marzo estará terminado, aunque luego viene la segunda parte. Lo tiene que leer el editor y, si no le gusta o no llegamos a un acuerdo. . . . En fín, que hay que negociar y eso lleva tiempo. Luego hay que diseñar y hacer fila en la imprenta.

Mi estado de salud va "de culo", cuesta abajo y con patines. El esfuerzo que cada día tengo que hacer es muy grande, pero llegaré a verlo publicado y lo presentaré en los medios de comunicación.


Aunque no me gusta hablar de mi estado de salud, sois muchos los que os interesais. Tengo infecciones muy continuas. Dicen que a los osos del Polo Norte les han hecho análisis y han podido comprobar, que tienen niveles muy altos de hormonas y de antibióticos porque comen de las basuras de los humanos. Pues yo tengo los niveles de antibióticos en mi organismo más altos que los osos polares. Me han puesto tantísimos antibióticos que ya no me hacen efecto y cuando me lo hacen, me provocan reaciones alérgicas. La fiebre a diario cada vez es más alta y el tema de los dolores prefiero ni tocarlo. Pero de momento no he perdido las ganas de seguir luchando ni el sentido del humor.


Como muchos de vosotros me pedís que os recomiende algún libro, os digo dos. El primero se titula "Ojos que hablan", autora: Carmen Rubio Terrero, Editorial Nilo. Trata de una chica que padece E.L.A. (esclerosis lateral amiotrófica). Su situación es muy similar a la mía y su carácter luchador os va a impresionar gratamente. El libro lo ha escrito tan solo con el parpadeo de sus ojos.


El segundo es el del campeón de esquí Paquito Fernández Ochoa. Desconozco la Editorial. Ahora su viuda, Mª Jesús Vargas, lo está presentando y cuando explica como él escribió el libro, teniendo dolores, fiebre, cansancio, sueño. . . me siento muy identificada con él.
Son muchísimas las personas que me felicitan la Navidad. Para mí las fiestas nunca son agradables porque la enfermera no viene y me tengo que quedar en la cama aburrida y sin poder hacer nada. Pero la Noche Vieja me encanta porque empieza un año nuevo y eso significa nuevas ilusiones y esperanzas. Os deseo a todos un Feliz Año 2007 y nunca tendré las palabras adecuadas para agradeceros las fuerzas que me trasmitís.

Gracias infinitas por siempre. Olga


martes, diciembre 19, 2006

Medallas a la Esperanza. Diario La Rioja

Olga Bejano y Proyecto Hombre, honrados por la Cofradía de la Esperanza

Con mucha esperanza, y nunca mejor dicho. Así celebró su jornada la Cofradía de la patrona de Logroño, en vísperas del gran día de la Virgen. Ayer al mediodía, una abarrotada iglesia de Santiago acogió una misa en la que se recordó a los cofrades fallecidos este año y se impusieron medallas a los nuevos integrantes

Pero además, desde hace unos años que la Cofradía de la Virgen de la Esperanza rinde homenaje a distintas personas o instituciones para que la Virgen «les siga ayudando y podamos fortalecer, ante su ejemplo, nuestra esperanza».

Una medalla de honor que este año ha sido impuesta a Olga Bejano, una tetrapléjica riojana que es «testimonio de lucha y esperanza en su larga enfermedad», y a Proyecto Hombre, «reconociendo su impagable aportación a la atención y rehabilitación de toxicómanos».

Otro de los motivos por el que la esperanza estuvo marcada en la jornada es el hallazgo, por parte de la Guardia Civil, de la corona que había sido sustraída días atrás al Niño de la Virgen de la Esperanza, y que fue entregada al párroco de Santiago el viernes pasado.

Ayer, la patrona y su Niño lucían sus mejores galas, al tiempo que los cofrades depositaban flores a su alrededor.Una de ellas, una de las más bellas (una inmensa rosa blanca), era el beso que enviaba Olga Bejano a la Virgen, según explicó su madre con orgullo, mientras el hermano mayor de la Cofradía, José María del Campo, la esperaba en las puertas del templo logroñés.

A través de su enfermera e intérprete, Olga envió un mensaje a todos los cofrades y feligreses de Santiago, en la que agradecía la medalla y señalaba que «la esperanza es el último sentimiento que todo ser humano debe conservar hasta el último instante de su vida». En concreto, Olga asegura tener esta esperanza en sus familiares, amigos y proyectos.Por la tarde, la celebración continuó con la ofrenda floral a la Virgen, una misa y un concierto navideño en la iglesia de Santiago el Real.

M. SCHMITT

martes, mayo 09, 2006

Si se va la luz, mi vida corre peligro. La Razón Digital


Quien piense que Olga desecha la eutanasia porque tiene una vida fácil se equivoca punto por punto. Sus palabras, su testimonio de vida, así lo confirma. "Si se va la luz o se estropea una máquina mi vida corre peligro, dice: y durante los fines de semana permanezco dos días sin poder cambiar de postura porque mi madre no puede cambiarme". No puede salir a la calle por sí misma, "vamos, que llevo veinte años de arresto domiciliario".

Una cosa está clara, no ha perdido "ni el optimismo ni el sentido del humor", aunque "para ser feliz de verdad tendría que ser más independiente. Tengo días de todos los colores, como todo el mundo, asegura, aunque me haría muy feliz poder meterme en una bañera especial, o un jacuzzi para sentir el agua sobre mi cuerpo". Un gesto que no puede hacer desde hace 15 años. Hay algo que no olvida, y que dejó escrito en 1995 en su "Carta contra la eutanasia": "Soy católica, siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere no termina ahí su vida. Cuando estuve en coma, tuve la suerte de tener la famosa experiencia del túnel. Esto transformó mi vida. Desde entoences, no tengo miedo a la muerte, porque sé que cuando uno se va, allí se siente mucho bienestar".

Entonces como ahora, fue muy clara a la hora de denunciar la situación social: "Vivimos en una sociedad en la que priman el placer y lo material, pero el sufrimiento y la muerte vienen incluidos en la vida, forman parte de ella. Soy partidaria de luchar, no de huir [...] por eso lucharé hasta el final"

De esto hace 10 años. Y parece que pocas cosas han cambiado.

No puedo ver, comer, hablar ni respirar por mí misma, pero mi vida es totalmente digna. La Razón Digital


En pleno debate por la muerte de Jorge León, varios pentapléjicos denuncian que la Administración «debe ayudarnos antes que promover la eutanasia» «Los que queremos vivir somos más que los que quieren morir y estamos silenciados», afirman.

«Llevo 20 años sin poder salir de casa. No puedo hablar, ver, comer y respirar sin ayuda artificial. Pero mi vida es totalmente digna. Sufro dolores crónicos, fiebres casi a diario, tengo tres costillas rotas, infecciones y además tengo que luchar contra problemas familiares, burocráticos, sociales y políticos. ¿Acaso el señor Zapatero cree que soy una “superwoman”?».

Quien así habla es Olga Bejano, una pentapléjica de La Rioja que padece una enfermedad que le obliga a recibir cuidados médicos a diario. Es perfectamente conocedora del caso de Jorge León, el vallisoletano cuya muerte se investiga actualmente y que ha vuelto a reabrir el debate sobre la legalización de la eutanasia. Y aunque Olga es una acérrima defensora de la vida, lo deja claro:

«No quiero que se me manipule, ni a favor ni en contra de la eutanasia, porque cada persona es un mundo y entiendo que haya quien no quiera vivir».

Habla a través de un rotulador, sílaba a sílaba, y su voz es la de una de las enfermeras que le atiende. Su respirador se oye de fondo, aunque el sonido no empaña su sentido del humor y una autoestima «que gracias a Dios sigue alta». Eso sí, habla firme a la hora de denunciar una situación clamorosa.

Más ayudas, no eutanasia. «Hay quien habla de muerte digna, pero lo que se debe hacer es ofrecer ayudas». Y no le faltan argumentos. «A mí no me puede atender cualquier cuidadora, porque soy enferma de UCI y necesito alguien titulado. Las cuatro enfermeras que tendrían que ir a mi casa cuestan 350.000 pesetas (más de 2.100 euros) y mi pensión es de 30.000 (180 euros)».

Olga es atendida siete horas y media al día por una enfermera, y los fines de semana los pasa en la cama, sin poder moverse. Su madre no puede ya atenderla como antes, y eso «que lleva veinte años sin dormir siete horas seguidas, porque cada tres tiene que aspirar mis secreciones, porque no puedo tragar saliva». «Eso es un sufrimiento añadido», sentencia.

Pero que nadie se engañe. Tiene ganas de seguir viviendo «porque sé que si Dios permite que esté así es por algo, y estaré así hasta que Él decida». «Mi vida tiene más calidad desde que hace 5 años comenzó a ayudarme la unidad de cuidados paliativos de La Rioja, aunque son las experiencias que he tenido las que me ayudan a seguir adelante».

Su caso, aunque impactante, no es único, pues en España son miles los tetrapléjicos y pentapléjicos «que queremos vivir, muchos más que los que quieren morir, aunque estemos silenciados por la opinión pública».

Así lo asegura Juan Carlos Carrión, un cuadripléjico de Cartagena, que a sus 41 años vive cada día con una inmovilidad cercana al 99 por ciento. Lleva desde los 17 años en silla de ruedas, después de un accidente de tráfico -«pon eso para que la gente vaya con más cuidado en el coche», comenta- y ha levantado una empresa de automóviles especiales para personas en su situación. Su vitalidad es rebosante y habla como un torbellino. El motivo es simple: «No tengo ningunas ganas de morirme, y no creo que nunca me apetezca demasiado», dice completamente en serio pero con tono guasón.

En su opinión, el caso de Jorge León «ha vuelto a ser utilizado y manipulado por parte de ciertos grupos que ya están recordando al PSOE su promesa electoral de legalizar la eutanasia». «El tema de la mal llamada “muerte digna” es una tapadera en una sociedad cada vez más deshumanizada, que ha perdido sus principios éticos y religiosos, que permite quitarse de encima a quien estorbe, sea un ancianito o un enfermo terminal», afirma. «La muerte nunca es un avance».

Un hecho que, para Juan Carlos, «supone una contradicción, porque un auténtico Gobierno socialista y progresista debería buscar primero soluciones para quienes queremos vivir y no centrarse sólo en las demandas de unos pocos que desean morir». «La eutanasia no ayuda en absoluto a las clases desfavorecidas, por mucho que esté envuelta en progresismo y en supuestas “demandas sociales”. La muerte nunca es un avance social, lo diga quien lo diga», sostiene. Sus palabras recuerdan mucho a las de Olga Bejano.

Si Carrión asegura que «hasta que la Administración no se vuelque en ayudarnos nuestro problemas no se solucionarán», Bejano resalta que «si yo tuviese las ayudas necesarias, por las que llevo luchando veinte años, sería la enferma más feliz del planeta». Y ante la Ley de Dependencia que ya ha sido aprobada en el Senado, ambos son relativamente escépticos.

Olga no es demasiado optimista: «a mí no me afecta porque mis cuidadores tienen que ser enfermeros titulados, no cuidadores cualquiera».

Y Carrión contempla las luces y las sombras de la ley: «De cara a la opinión pública, el IVA se va a reducir hasta el 4 por ciento -ir en silla de ruedas está gravado-, y es un pequeño avance, aunque aún queda mucho por recorrer».

Por José Antonio Méndez

miércoles, abril 26, 2006

El libro de Olga en Italiano




Esta noticia es sólo para deciros que Olga está terminando su tercer libro, con mucho esfuerzo y ganando la batalla a la neumonía y otras enfermedades que no la dejan tranquila. Ella está muy contenta ahora porque su primógenito, su libro: Voz de Papel, se ha editado en italiano, y es preciosa la edición








Os envio un link para que podáis verlo y recomendarlo.

http://mesdis.it/sezioni/articoli.asp?ART=888404115

Saludos

martes, febrero 07, 2006

Sólo el que sufre sabe entender el sufrimiento. La Rioja.com


La riojana Olga Bejano, enferma desde hace años, aporta un cuento a un libro de 'Menudos Corazones'

"Los niños que estáis enfermos sois igual que los salmones que nadan a contracorriente. Esa lucha es la que les hace tener la carne más bonita, de color salmón. Y a vosotros, la lucha contra la enfermedad hace que vuestra alma se vuelva de color salmón. ¿Adelante salmoncitos, no dejéis de luchar y de pedirle a Papá Dios que os ayude!". Así finaliza La fuerza del alma, el cuento con el que la riojana Olga Bejano participa en Cuentos con corazón, un libro de 'Menudos Corazones', Fundación de Ayuda a los Niños con Problemas de Corazón, que ha editado Ediciones B.


Olga Bejano participa en esta iniciativa junto a rostros de lo más populares. Firman cuentos desde Cristina de Borbón a Belén Rueda, de Covadonga O´Shea a Ana García Siñériz, de Catalina de Hasburgo a Rita Irasema. Su relación con la vicepresidenta de la Fundación Menudos Corazones, María Tarruella de Oriol, la llevó a colaborar. Cuando le plantearon la posibilidad de escribir, dijo inmediatamente que sí. Pero el texto urgía. No tenía más de un par de días para prepararlo. Y su salud pasaba por un momento fatal por los efectos de una neumonía. A ello se sumaba el cambio de enfermera que afrontaba tras varios años con la misma. «Así que este cuento lo hice a la velocidad de la luz. Y para el poco tiempo que tuve y las condiciones físicas tan delicadas, por lo que me dicen en la fundación, son muchas las personas que están llamando para preguntar quién es Olga Bejano», indica ella misma.


Que sepan luchar

El cuento, del que ha cedido los derechos, lo mismo que los demás autores, recrea una experiencia de su niñez. Un día de visita familiar al campo, encontró un nido y ayudó a la última cría a romper el cascarón. A continuación, la madre la rechazó. «Como tú le has evitado ese trabajo, ahora no puede abrir sus alas y como su madre sabe que no será capaz de sobrevivir, por eso la ha tirado del nido. ( ) Los padres tienen el deber y la obligación de cuidar y educar a sus hijos lo mejor posible. ( ) A los niños hay que enseñarles que, cuando tengan un problema, sepan buscar la solución y luchar», le explicó su abuela en aquel momento.

«Sólo el que sufre sabe entender el sufrimiento», apunta también Olga para explicar ese último párrafo con el que cierra su cuento. Sabe tanto de sufrimiento El día de esta entrevista, Olga sigue tetrapléjica en su silla de ruedas -lleva así años y años-, tiene un respirador conectado y dos costillas rotas. Viene de pasar, en Navidad, una afección pulmonar que ha estado a punto de llevarla a la muerte en tres ocasiones. Se comunica gracias a las palabras que esboza en su cuaderno y que su enfermera Melisa interpreta con habilidad.

«Otra persona, en mi situación, estaría en la cama, pero yo odio la cama y no me gusta pensar en lo que tengo encima. Todos los días me levanta la enfermera a la silla y no paro de hacer cosas para separar mi cuerpo de mi alma. Si no, esto sería imposible de soportar».



La vida que se rompió

Todo comenzó cuando, a los doce años, fue operada de apendicitis. No volvió a ser la misma, pese a que en los años siguientes pudo completar sus estudios, viajar, trabajar, enamorarse A los 23 años, «la vida se me rompió». En su casa, su habitación reúne los dispositivos necesarios para su cuidado. Es una enferma de UCI, pero no podría vivir en un hospital. Ha hecho cálculos. En un centro hospitalario su atención costaría casi 26.000 euros al mes. En los casi veinte años que lleva así, la factura sobrepasaría los mil millones de pesetas.

«Por muchísimo menos podría tener en mi domicilio la asistencia permanente de profesionales de enfermería que necesito». Cuenta con una enfermera durante siete horas y media de cada día laborable, pero desde el fallecimiento de su padre, su madre y ella se han visto en situaciones límite que casi siempre ocurren cuando no tienen ayuda. Preocupada por la salud de su madre, Olga aspira a conseguir la atención especializada que necesita para estar atendida las 24 horas, incluidos fines de semana y festivos.

Estas inquietudes han hecho variar sus prioridades. Hasta ahora, la primera era su tercer libro, prácticamente finalizado y en el que muestra su «madurez espiritual». De hecho, su corrector, Jesús Bonet, sacerdote, psicólogo y profesor, ya lo ha leído. «Pero mi vida va cambiando. Han sucedido cosas muy importantes que debo contar. Tengo que variar cinco capítulos y sólo Dios sabe si lo terminaré, cuándo y cómo se titulará».

«Cuando vi la lista de personas que habían participado -en los 'Cuentos con corazón'- me dije para mis adentros 'hija de mi vida, tú que pintas entre tanta pata negra' y luego me dije 'qué leches, tú tienes tratamiento de ilustrísima -por la Medalla de La Rioja que le fue otorgada- y estás dejando bien alto el pabellón de La Rioja'», señala.

jueves, diciembre 22, 2005

La puerta del Alma. Un cuento de Olga Bejano en el libro "Cuentos con corazón"


Cristina de Borbón Dos Sicilias se ha estrenado como cuentista por una buena causa. La diadema mágica es el título del relato infantil que firma la infanta en el libro Cuentos con corazón (Ediciones B), en el que también colaboran varias figuras del mundo de la televisión, y cuya venta irá a parar a la fundación de ayuda a los niños con cardiopatías congénitas Menudos Corazones.

El libro que fue presentado en el día de ayer en Madrid, incluye relatos escritos por los presentadores de televisión Ana García Siñeriz, Juan Ramón Lucas, Ana García Lozano y Fernando Schwartz, entre otros, y viene precedido por un prólogo de la actriz Belén Rueda, que en el año 1996 vio morir a su segunda hija, de apenas 1 año, por una enfermedad coronaria.
Los cuentos se intercalan con dibujos hechos por niños de entre 4 y 14 años, que son los verdaderos destinatarios de los relatos, y están agrupados por edades de los futuros lectores.


El de Cristina de Borbón, destinado a menores de 5 años, cruza el adoctrinamiento moral con la trascendencia religiosa. Cuenta el caso de Victoria, una niña que logra hablar con Dios a través de una diadema mágica para pedirle que haga un milagro: que salve a sus padres, que se encuentran en peligro al ser sorprendidos por una tormenta mientras esquiaban un fin de semana en la montaña. Dios accede a ser clemente a cambio de que la niña devuelva una diadema al cajón de su madre, de donde la cría la había sustraído en un arrebato de avaricia.

El cuento de Ana García-Siñeriz también incorpora una moraleja, aunque en su caso es de raíz ecológica y no religiosa: "Cada pequeño animal tiene su razón de ser", dice la presentadora al final de su fábula. Su excompañero en Lo+plus, Fernando Schwartz, abunda en mitologías de castillos, reyes y magos en su cuento. Por su parte, la también presentadora de televisión, Ana García Lozano, viaja a sus años en la escuela para hablar de la infundada tirria que le tenía su profesora de Lengua.

En el libro también escriben cuentos figuras como Cristina de Habsburgo, Covadonga O´Shea y Rita Irasema (hermana de Emilio Aragón) y nuestra amiga Olga Bejano.


jueves, octubre 20, 2005

La historia de superación de Olga Bejano. La tarde con Cristina

Entrevistamos a Carmen Domínguez, madre de Olga Bejano.Olga Bejano es una enferma incurable que lleva 17 años inmóvil en una silla de ruedas, no puede siquiera abrir los párpados por si misma, se alimenta y respira de manera artificial. Un día se carteó con el escritor con Ramón Sanpedro quien le animó a luchar por una vida independiente. Su historia, es una historia de valentía y superación diaria. Ha escrito dos libros – “Voz de papel” y “Alma de color salmón”- y está a punto de salir al mercado su tercer libro. “La tarde con Cristina” ha entrevistado a su madre Carmen Domínguez que ha luchado mano a mano con su hija y nos cuenta la historia de esta heroína de la vida.

Este es el enlace para escuchar la entrevista que se hizo en la radio.

http://www.latardeconcristina.com.es/index.php?/latarde/ver-entrevistas/la_historia_de_superacin_de_olga_bejano/

viernes, septiembre 30, 2005

Una fotógrafa tetrapléjica pide MÁS AYUDA SANITARIA para una vida digna. Periódico elmundo.es


La fotógrafa Olga Bejano, cuyo cuerpo lleva paralizado 19 años por una enfemedad neuromuscular, pide más ayuda pública para desarrollar su vida con dignidad. Esta riojana intentó convencer al tetrapléjico Ramón Sampedro para que siguiera luchando y ha publicado dos libros en los que narra su experiencia vital.

Un rotulador colocado en su mano, al que da pequeños impulsos, es la única vía de comunicación de Olga con el mundo. A pesar de su situación, esta mujer de 42 años da gracias a la vida cada día que despierta. Pero a quien no tiene nada que agradecer es a la Administración, de la que lleva 19 años esperando una asistencia permanente que no le puede proporcionar su familia.
Olga tenía 23 años y muchos proyectos e ilusiones. Pero en 1987 su glotis dejó de funcionar, se asfixió y estuvo seis minutos clínicamente muerta y cinco días en coma. Una desconocida patología, originada por la anestesia aplicada en una operación de apendicitis cuando era niña, empezó a mostrar su cara más cruel.



El cuerpo paralizado

Fue el principio de un rápido proceso que paralizó su cuerpo. En poco tiempo estaba en una silla de ruedas, conectada a un respirador, alimentada artificialmente y callada para siempre. De la noche a la mañana esta fotógrafa y asesora política se convertía en un ser dependiente de los demás hasta para ver, pues ni sus párpados tienen fuerza para abrirse sólos.

Con todas las dificultades, Olga decidió aferrarse a este mundo y contagiar al máximo número de personas su ilusión por la vida. Con un rotulador, hace la forma de las letras sobre un cuaderno. De esta manera y ayudada por sus seres queridos, ha publicado dos libros donde narra sus experiencias vitales con un llamativo sentido del humor: 'Voz de Papel' y 'Alma de Color Salmón'.
"Cuando la enfermedad truncó mi vida decidí crear en lugar de llorar", explica Olga Bejano, que ya tiene un tercer libro a punto de salir de la imprenta.



Premiada, pero sin apoyo suficiente del Estado

Su esfuerzo ha sido reconocido en repetidas ocasiones: fue Riojana del Año en 1998 y también ha recibido la Medalla de Oro de su comunidad. Además, multitud de personas, conocidas y anónimas, coinciden en que han aprendido muchas cosas importantes sobre la vida gracias a los libros de Olga, lo que produce mucha felicidad a esta luchadora nata.

En cambio, lo que disgusta a Olga es la escasa ayuda oficial. Pese a ser una paciente de UVI, no puede estar en un hospital por riesgo a contraer infecciones y vive en casa. Como todo enfermo en sus circunstancias, requiere atención las 24 horas, pero sólo dispone de una enfemera por el día y de lunes a viernes.

La Consejería de Salud de la Rioja, dirigida por Pedro Soto, elude responsabilidades e indica que Asuntos Sociales debe solucionar el problema. Estos últimos no quieren hablar con los medios de comunicación del caso porque es "una cuestión privada que sólo incumbe a Olga y a su familia".

"Sé que vivir en una UVI cuesta 24.000 euros al mes, por lo que ya he ahorrado mucho dinero al Estado", afirma Olga, que pide, al menos, dos enfermeras que se turnen para no quedarse sola.



Cartas con Ramón Sampedro

Esta historia recuerda inevitablemente a Ramón Sampedro. Ella se comunicó por carta con este gallego que quiso morir tras más de 20 años en silla de ruedas y, aunque comprende y respeta su decisión, intentó convencerle de que no se rindiera: "cuando Ramón logró su objetivo me alegré porque era lo que quería, pero me quedé triste por no haberle contagiado mis ganas de vivir", explica Olga a golpe de rotulador.

Esta mujer cree que cada persona es un mundo y no le gustan las comparaciones: "aunque mi situación física es peor que la de Ramón Sampedro, ya que él podía ver, hablar, comer o respirar y yo no, me parece que no todos tenemos la misma fuerza, las mismas circunstancias ni la misma fe ".



Carolina Gracia

miércoles, agosto 31, 2005

Yo elijo SEGUIR VIVIENDO. Revista Glamour. Agosto 2005



Olga Bejano sufre una terrible enfermedad degenerativa. A pesar de ello, ha decidido luchar por la vida. Hoy nos habla de su día a día.

“Cualquier vida es única e irrepetible y tiene tanto valor como otra. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante”. Con estas palabras Olga nos quiere transmitir su razón de ser, el motivo de no tirar la toalla, el porqué lucha contra corriente. Nos recuerda otras vidas que, como ella, luchan y lucharon contra la adversidad.: el astrofísico Stephen Hawking sigue regalando al mundo sus descubrimientos y teorias; el actor Christopher Revé peleó hasta el final de sus días para salir adelante; el Papa Juan Pablo II y tantos otros.

“Mi vida es luchar, sufrir y escribir”, así define su existencia esta joven riojana que desde los 23 años vive en una UCI instalada en su casa. Es tetrapléjica y no puede ver, ni hablar, ni respirar. Su terrible tragedia comenzó cuando a los 12 años la operaron de apendicitis. En la anestesia, por los años 70, se utilizaba un componente, el curare, que fue el detonante de su desgracia. Dañó el bulbo raquídeo y el sistema nervioso central. Sin embargo, hasta los 23 años Olga llevó una vida normal: se enamoró y desenamoró hasta tres veces, practicaba muchos deportes, era creativa y despierta, con un sentido del humor envidiable y facilidad para cantar, bailar, dibujar y escribir. Pero, un día de 1987 su glotis se paralizó y sufrió una parada cardíaca.

“El coma cambió mi vida”, entró en coma profundo y estuvo 5 días clínicamente muerta. “Aunque nadie apostaba por mí, para llevar la contraría, volví a la vida. Cuando entré en coma pasé la experiencia del túnel. Lo recuerdo como lo más maravilloso que me ha pasado nunca, algo que transformo mi vida. Había una luz intensa y blanca y al final un hombre con un manto blanco que me llamaba por mi nombre” .Pero Olga volvió a la vida y lucha día a día contra la enfermedad. “Por supuesto, soy creyente, pero mi fe no tiene nada que ver con mi fuerza. Ésta la consigo gracias a mi carácter, la genética y que soy escorpio.”

A través de Belinda, su enfermera desde hace dos años y medio, se puede hablar con Olga. Para contestarnos traza unos garabatos en un papel que su cuidadora interpreta. Su vida diaria comienza a las ocho de la mañana cuando suena el despertador. Su madre le da la medicación, una dosis de morfina. A las ocho y media desayuna, leche chocolateada con galletas; todo triturado y a través de una jeringa. A las nueve y media le toca la cuña. A las diez en punto llega Belinda. Comienza su aseo personal que dura tres horas. Aquí se incluyen sus ejercicios de rehabilitación, cura de heridas, toma de constantes, administración de más medicación, aspiraciones constantes por boca, y traqueotomía y esterilización de aparatos. Alrededor de la una ya está preparada y comienza su vida social: lee el correo postal y electrónico y contesta a todo el que la escribe, hace llamadas telefónicas, recibe visitas y escribe artículos, cuentos y libros. De estos últimos va por el tercero. Si todo va bien, piensa presentarlo para la primavera del año que viene. Trata de los pasos que ha dado hasta alcanzar la espiritualidad de la que goza hoy. A las dos de la tarde la enfermera la acuesta para evacuar de nuevo; y a las dos y media el almuerzo, como siempre, todo triturado y en jeringa. A esa hora la enfermera se va y deja a Olga descansando. Belinda regresa a las cuatro y media y la vuelve a levantar y a asear. Por la tarde sigue con sus actividades sociales y a las seis le ponen otra dosis de morfina. El resto del tiempo lo emplean en prepararse para ir a la cama. A las siete y media se va la enfermera y Olga se queda con su madre que le da de cenar y le pone la televisión, que apaga a las diez, aunque no se duerme hasta las doce, hora en la que le dan su última dosis de morfina.


“Vivo el presente las 24 horas”, a las cuatro de la mañana ya está de nuevo despierta, pero permanece en la cama rezando y meditando (dedica horas cada día a pensar). Hay que tener en cuenta que Belinda no va los fines de semana y que durante estos días Olga no se mueve de la cama porque su madre sola no puede con ella. Su padre falleció hace dos años, “él hacía el trabajo de dos enfermeras juntas” y su madre no trabaja, por lo que el dinero que entra en la casa es escaso. Viven gracias a la pensión de viudedad, una ayuda familiar y una pequeña pensión de orfandad que no llega a 120 euros. Sólo los edemas para evacuar valen 3 euros y le tienen que poner uno diario.

“Necesito más ayuda. Tenerme en una UCI costaría a la Seguridad Social 21.000 euros al mes, que se ahorran porque estoy en mi casa. Llevo 5 meses esperando al Consejero de Sanidad de La Rioja que ya me ha dicho siete veces -esta semana voy-. Le va a crecer la nariz como a Pinocho”. Los que si la visitan con asiduidad son sus amigos de toda la vida y las madres y hermanos de sus antiguos novios. Ellos se han casado y los tres tienen hijos. También ha hecho nuevos amigos: Nacho Cano, por ejemplo, la ha visitado y Olga guarda de él un grato recuerdo –por su valía y sencillez-.

A pesar de su sufrimiento y su difícil situación. Olga no ha perdido su sentido del humor. Recuerda cómo le contaba su madre que coincidió en el parto con Lola Flores y que ella compartió nido con Rosario. La cantante vivió una situación dramática en la película Hable con ella y ella la está viviendo en la vida real. Desde su cama, manda un mensaje para aquellos que están en su misma situación: “No penséis en el pasado ni en el futuro. Vivid el presente. Yo estoy paralizada de la cabeza a los pies, apenas veo, no puedo hablar, respiro y me alimento de forma artificial... Llevo muchos años así, pero quiero vivir. Así se lo dije también a Ramón Sanpedro pero su forma de pensar era distinta a la mía. Nos carteamos un par de veces, pero él no podía entender cómo quería seguir adelante. Yo le dije que tenía tantas ganas o más que él de irme, pero soy creyente y quiero que Dios decida cuál será mi hora. No seré yo quien tome esa decisión.

“Dios dispondrá mi hora” Sanpedro me respondió que él era una cabeza pensante pegada a un cuerpo muerto y que así no quería seguir. El día que se fue lloré de impotencia, pero me sentí feliz porque había conseguido lo que él quería. Olga ya prepara, como si de su hora se tratara, la presentación de su nuevo libro. Cuando tuvo lugar la del segundo, Alma de Color Salmón, donde hace alusión a la tenacidad de estos peces cuando para desovar nadan contra corriente, se presentó allí en una UCI móvil. El el tercero piensa repetir. Esa vitalidad que emana y ese grito que lanza en contra de la eutanasia, aunque respetando la decisión de cada uno, no han dejado impasible a nadie.



Paloma Sanz

lunes, junio 27, 2005

«Estoy tetrapléjica, pero soy partidaria de luchar, no de huir» Gonzalo de Alvear


«Estoy tetrapléjica, pero soy partidaria de luchar, no de huir»
La autora de Voz de Papel publica en la editorial LibrosLibres su segundo libro, Alma de color salmón, un testimonio desgarradoramente humano y espiritual que habla al corazón. Olga Bejano nació en 1963.

Su infancia fue feliz y se convirtió en una chica guapa llena de talentos artísticos. Era fotógrafa profesional y decoradora de interiores. A los 23 años tuvo una parálisis de glotis y como consecuencia una parada cardiaca por asfixia. Estuvo más de seis minutos clínicamente muerta. Tras cinco días en coma profundo y tener una experiencia cercana a la muerte, volvió a esta vida, pero con su cuerpo muy mermado. - Cuando la enfermedad truncó mi vida decidí que era más positivo crear que llorar. Así, en agosto de 1987 empecé a escribir mi primera obra, “Voz de Papel”, cuyo manuscrito conservo como un tesoro. En el se puede observar claramente cómo va deteriorándose mi letra a medida que avanza la enfermedad.

A finales de 1995 mi “voz de papel” se quebró y ya no podía escribir con una letra legible; así nacieron mis famosos garabatos: escribo apoyando mi mano paralizada en mi pierna derecha y con impulsos de la pierna muevo la mano. El carácter de Olga explica ese arrojo con el que afronta la vida y que podría resumirse en una de sus frases: la depresión me parece una pérdida de tiempo.

- Las estrellas sólo pueden verse en la oscuridad. Por eso, cuando la enfermedad provocó que en mi vida se hiciese de noche, en mi silencio y en mi noche oscura aprendí a mirar al cielo, y descubrí la Luz infinita. Estas palabras escritas por Olga en una de las páginas del libro sintetizan muy bien lo que ella ha logrado plasmar con tanto esfuerzo y sufrimiento: un canto a la Vida y a la Luz.

Olga no teme a la muerte, porque para ella sólo es un tránsito hacia la Vida definitiva y sin sufrimiento. Voz de Papel vio la luz editorial en 1997, diez años después de comenzar a escribirlo. En ella narra, de forma fluida, directa, natural y espontánea, el rosario de experiencias, tanto dolorosas como felices, por el que ha transitado a lo largo de su vida; y lo hace sin acritud, sin amargura, con sentido del humor en muchos casos, aunque también con una sinceridad sobrecogedora. Esta obra le valió, por votación popular, el título de Riojana del Año y que se le concediera la Medalla de Oro de la Rioja, la más alta condecoración del Gobierno de La Rioja.

- ¿Cómo te sientes?- Estoy tetrapléjica, apenas veo, no puedo hablar, me alimento y respiro de manera artificial y dependo de los demás absolutamente para todo. Mi materia está presa pero mis pensamientos y sentimientos son libres. Nadie puede pensar o sentir por mí. En eso y sólo en eso soy libre. No faltan los que opinan que soy un vegetal y que mi vida no tiene valor ni sentido, pero un vegetal que piensa y siente puede ser capaz de escribir y hacer pensar y sentir a los demás. Cada mañana siento que estoy viva, aunque mi cuerpo está paralizado... A pesar de todas esas limitaciones, mi corazón sigue latiendo y sintiendo... Un día más, puedo volver a ver a mis seres queridos, amigos y conocidos. Un día más, tengo la oportunidad de crecer como persona y madurar espiritualmente para ir acercándome más a Dios. Un día más puedo ser lluvia, en vez de ver llover. De mi cabeza sale todas las mañanas una mariposa que va a Cristo, le da un beso de mi parte y le dice: “Me ha dicho Olga que, por favor, seas su Cirineo y a ratitos le cojas la cruz, sobre todo cuando escriba...” Por último, va volando al Espíritu Santo y le pide que me inspire lo que debo pensar, callar y escribir para procurar el bien de todas las almas y el mío propio; sobre todo en días como hoy, en que me cuesta tanto escribir porque físicamente estoy hecha unos zorros.

-¿Qué opinas de la eutanasia?-Vivimos en una sociedad en la que priman el placer y lo material. Todos queremos gozar y ninguno sufrir; pero el sufrimiento y la muerte vienen incluidos en la vida, forman parte de ella. Soy partidaria de luchar, no de “huir”. La eutanasia es una forma de huída y, por tanto, no deja de ser una cobardía. A mi no me parieron cobarde; por eso lucharé hasta el final. Respeto y entiendo a los que se dan por vencidos y no creen en nada; pero yo, cuando llegue “al otro lado”, quiero tener la sensación de llevar mis deberes cumplidos. Para mi todo lo que te quita la paz interior no es bueno. Todo anciano, minusválido o enfermo terminal tiene derecho a una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas y grandes dosis de “cariñoterapia”; pero todo esto equivale a trabajo y a dinero, y es más fácil, cómodo y barato legalizar la eutanasia disfrazándola de ayuda y compasión. Mi caso deja bien claro que la defensa de la eutanasia es más por un tema de dinero que por principios éticos o morales. Al enviarla a casa, al comienzo de su enfermedad, se quería ahorrar los €21.000 mensuales que hubiese costado mantenerla en una UCI. Yo, a pesar de estar muy grave nunca he querido morir, porque tengo amor y espero tenerlo cada vez que lo necesite. La Madre Teresa de Calcuta tenía toda la razón del mundo cuando decía que quien pide la eutanasia es porque no tiene cubiertas sus necesidades, ya sean físicas, materiales o espirituales.

-¿Por qué este título para tu segundo libro?-Una noche tuve un sueño. Una voz me contó cómo los salmones pasan toda su vida nadando contracorriente y es precisamente esa lucha la que les hace tener una carne deliciosa. “Así, a algunas personas, entre las cuales te encuentras tú –me decía-, la vida no os resulta fácil; por el contrario, desde el amanecer hasta el anochecer tenéis que vivir luchando sin interrupción para que no os lleve la corriente. Este esfuerzo tiene una recompensa: a medida que el individuo se supera externamente, su interior va transformándose para bien, y cuando esa persona llega al final de su existencia en esta vida tal vez su alma sea de color salmón... pues el sufrimiento la habrá impregnado de una valor muy especial y muy cotizado”.

- ¿Qué último mensaje te gustaría decir a tus lectores? - Estoy convencida de que sin tanto sufrimiento como estoy teniendo nunca hubiese llegado a tener un crecimiento personal tan importante y una madurez espiritual tan impresionante. A pesar de lo mucho que he sufrido, que estoy sufriendo y sólo Dios sabe lo que me queda por sufrir, me siento un ser afortunado. Por eso quiero despedirme con una estrofa de un poema de Alberto Cortez: Pero sé, bien que sé... Que en mi viaje final escucharé El ambiguo tañir de las campanas Saludando mi adiós, y otra mañana Y otra voz, como yo, con otro acento Cantará a los cuatro vientos... ¡Que suerte he tenido de nacer! Creo que en esta vida ya he hecho todo lo que tenía que hacer, he dicho todo lo que tenía que decir, he escrito todo lo que tenía que escribir y he sufrido más de lo que un ser humano puede sufrir. Sólo me queda esperar a que Papá Dios opine igual y me lleve con Él y con todos los que me están esperando. Gonzalo de Alvear

jueves, mayo 05, 2005

Carta de Olga. Revista del Seminario de Madrid

Estimados seminaristas:

Soy Olga Bejano, la chica enferma autora de “Voz de Papel” y de “Alma de color salmón”. Lidia González, de mi editorial”Libros Libres”, fue hace tiempo al seminario para hablaros a los seminaristas un poco de mí. Me ha pedido que os escriba a vosotros. La verdad es que no sé qué deciros. Mi vida es la siguiente:

Físicamente estoy paralizada de la cabeza a los pies. No puedo hablar y ya tampoco escribir con una letra legible. Me comunico a través de mi enfermera y a través de un sistema de abecedario inventado por mí.

Me alimento y respiro de forma artificial, llevo dieciocho años de “arresto domiciliario”. A todo esto hay que añadir fiebre y dolores a diario. Físicamente estoy hecha unos “zorros”, pero espiritualmente soy muy feliz, porque tengo a Dios, a la Virgen, al Espíritu Santo, a mi Ángel de la Guarda y a muchas almas de la otra vida.

En una época de mi vida lo tuve todo: salud, belleza, dinero, amor... Esquiaba, ligaba; ilusiones y proyectos no me faltaban, pero interiormente no estaba tan llena como lo estoy ahora. Si ocurriera un milagro y me curase, primero me tomaría un añito para disfrutar de la vida, comer, viajar, esquiar, patinar sobre hielo, etc, y luego me iría derecha a un convento para pasar el resto de mis días. Me dais mucha envidia, si algún día alguno de vosotros quiere venir a verme, yo encantada.


Sin más, recibid un abrazo muy fuerte y contad con mis oraciones. Por siempre:

Olga

P.D. La carta está dictada por mí y escrita por mi amiga Ana Rosa.

lunes, abril 04, 2005

Olga Bejano: un testimonio resiliente. www.ecologia-social.org


En la metalúrgica se utiliza la palabra «resiliencia» para describir la capacidad que muestran algunos materiales al recobrar su forma original después de ser sometidos a un proceso deformador.

El 24 de mayo de 1987 es la línea de resiliencia en la vida de Olga Bejano.

La línea entre una chica de 23 años que estudiaba fotografía y asesoraba en imagen a un candidato político, y una chica que tras la paralización repentina de su glotis sufrió un paro cardiaco y fue declarada clínicamente muerta; la línea entre una Olga que a los 9 años tocaba piano, flauta, guitarra y era la voz solista del coro del colegio, y otra Olga que entró en coma profundo por 5 días y una vez despierta se vio imposibilitada de volver a hablar.

Su enfermedad, de origen neuromuscular, desconocida, gravemente progresiva y para la cual no hay ningún tratamiento, ha sido ese proceso que ha transformado a Olga en lo que hoy es: una mujer conectada a un respirador artificial, alimentada mediante una sonda gástrica, sin voz, casi sin vista, sin ningún movimiento (ni siquiera el de sus párpados) más que uno débil en su pie.

Pero detrás de esa mujer en condiciones extremadamente limitadas, está también una que piensa con agudeza, con un sentido del humor inteligente, que desde su habitación hace amigos, se conecta con la información del mundo y que ha escrito dos libros: Voz de papel (Sal Terrae, 1997) y Alma de color salmón (Libros Libres, 2002).

¿Cómo explicar que una jovencita de 23 años se sobreponga al dolor, a la enfermedad, a la desesperanza, transformando su vida de tal manera que ahora irradia a muchos más con su testimonio?Los teóricos de la resiliencia hablan de los pilares de esta capacidad: introspección, independencia, capacidad de relacionarse, iniciativa, humor, creatividad, moralidad y autoestima consistente. Todos estos elementos están presentes en la persona de Olga, y sólo por ellos es posible encontrar una explicación a su proceso. Pero hacerlo así, sigue siendo una teoría que toma brillo cuando atestiguamos, anécdota por anécdota, la forma cómo ella fue enfrentando la enfermedad.

Lo primero que Olga hizo fue ver la evidencia ante ella: el diagnóstico de una enfermedad irreversible e incurable, que iría empeorando progresivamente hasta aprisionar su mente totalmente lúcida en su cuerpo inmóvil. Junto a esta evidencia, por supuesto, también está el dolor que provocó el diagnóstico y sus consecuencias clínicas; hubo preguntas que siguen sin contestar (¿por qué yo?, ¿por qué así?), pero nada cambiaría la impronta que la enfermedad había marcado en su cuerpo.

Así que aceptó la enfermedad, y a partir de esta realidad, construyó a otra Olga, una muy fuerte. El sentido del humor que implica la aceptación («seré una enferma profesional y digna»), conmueve cuando uno la visita en la ciudad riojana de Logroño, y la ve en su silla de ruedas, inmóvil, y conectada a sondas y a un respirador mecánico que se convierte en el único sonido que emana de su presencia.

Al mismo tiempo impacta cuando con ayuda de un tablero y su enfermera, Olga inicia «su charla», siempre aguda, llena de sentido del humor, intensa. Uno entiende cuando en sus libros habla de la importancia de que el enfermo esté de buen humor, aseado, bien vestido, con buena apariencia, para hacer más agradable el acto de la visita. Ella está siempre impecable: un pijama perfectamente combinado con sus zapatillas, su cabello teñido y su piel perfumada. Seguramente para ella el cuidado amoroso de las personas que la atienden para que esté presentable es uno de los motores que la hace vivir.

Está al tanto del cine, de la música, de las noticias, de los libros más recientes; y a menudo uno va a enterarse de estas novedades a su «guarida».Manejar de manera tan admirable la enfermedad, es un gran paso; pero después de más de 20 años en ese estado, el proceso de enfrentar ese problema y sobreponerse a él puede resultar insuficiente.

Durante este tiempo, Olga Bejano ha luchado por los derechos de los enfermos, por el derecho a servicios de salud más humanos e integrales, y la dignificación del enfermo como un ser completo en sí mismo y con aportes que hacer a la sociedad.Tampoco eso ha sido del todo suficiente. La experiencia por un lado tan extrema de enfermedad e indefensión, convierte en algo todavía más radical e impresionante su actitud ante la vida.

¿Cómo tener esperanza sin poseer ilusiones? ¿Cómo enfrentar el futuro, cuando es tan incierto y precario? ¿Cómo tener las fuerzas para despertar cada día, si ni siquiera se puede respirar por sí mismo? Nadie podrá dar respuestas al origen de su enfermedad, por qué se desató en su cuerpo cuando estaba a punto de iniciar proyectos importantes; pero estas otras preguntas arriba planteadas, y con seguridad más fundamentales, sí han podido ser respondidas por Olga Bejano en sus libros.

Quizá el rostro bello de Olga a los 23 años no muestre físicamente ahora esa transformación que ha sucedido en su interior. Pero hay algo en su presencia, que a pesar de la inmovilidad e inexpresión, resplandece: lo esencialmente humano, lo radicalmente humano, que es la capacidad del ser humano de enfrentar el dolor y salir fortalecido de él. .


Autor: María Antonieta Mendivil

miércoles, marzo 30, 2005

Alma de Color Salmón. Periódico a.m. México


Las dos películas ganadoras del Oscar de este año, Mar Adentro y Millon Dolar Baby, tratan el tema de la eutanasia.

El argumento y la situación de los protagonistas de estos filmes provocan en muchos espectadores confusión y sentimientos de simpatía y aceptación hacia esta forma de morir. Uno corre el riesgo de salir deprimido y angustiado después de presenciar historias verdaderas donde la desgracia, la impotencia y la vulnerabilidad de la persona se presentan para aniquilar el espíritu de cualquiera.

Sin embargo, tuve la dicha de encontrar accidentalmente el antídoto para este veneno que amenaza con penetrar el alma y enturbiar el ánimo después de haber visto alguna de esas películas. Alguien me habló de la autora del libro “Alma de color salmón” Olga Bejano Domínguez quien hoy tiene cuarenta y un años y es tetrapléjica. A los trece fue operada por una sencilla apendicitis y la anestesia afectó el bulbo raquídeo y sistema nervioso central que le fue paralizando los músculos poco a poco. Su vida pende de un hilo y de un enchufe al que está conectado su respirador. Ella piensa que aunque sea con medios extraordinarios vale la pena vivir.

Como es de la Rioja española conoció el caso de Ramón Sampedro, personaje también tetrapléjico que lucha por su derecho a morir y cuya vida inspiró la película de Mar Adentro. Olga mantuvo correspondencia con Ramón a quien propuso que en vez de luchar para morir luchara para vivir.

“¿Por qué no he muerto?, hubiera sido tan fácil y tan cómodo”

Se ha preguntado muchas veces esta mujer que como el salmón lucha contra la corriente del río para llegar a desovar. “Nunca diré sí o no a la eutanasia, daré testimonio con mi vida. Las palabras se las lleva el viento” -ha expresado Olga con convicción.- “Qué Dios sea el que elija mi día y mi hora” -Agrega.

Olga estudió decoración, trabajó como fotógrafa y estuvo enamorada pero ahora mira hacia el futuro con proyectos que rondan por su cabeza.

Cuando el accidente cambió el rumbo de su vida decidió que era mejor crear que llorar y hasta la fecha ha escrito dos libros. Su enfermera es el mejor testimonio de solidaridad humana y cristiana. Ella se ocupa no sólo de moverle los párpados que han perdido movilidad y de asearla sino de interpretar sus jeroglíficos siendo su contacto con el mundo exterior. Esa es una actitud que caracteriza a la persona humana, ayudar y también dejarse ayudar. Es una forma en la que la humanidad interactúa y se complementa entendiendo así la maravilla de existir.

La vida de Olga me ha parecido fascinante y motivadora. Es una mujer que ilumina el mundo desde su habitación de terapia intensiva y llena de esperanza muchos corazones. Las personas que han tenido la oportunidad de conocer su historia han sido penetradas por ese mensaje de fe, fuerza y coraje que Olga transmite para seguir luchando y poder sobrellevar las penas y desalientos.

En medio de una sociedad materialista y superficial donde el término “calidad de vida” implica grandes dosis de comodidad y algunos placeres, se encuentran personas valientes como Olga que nos recuerdan que el esfuerzo por vivir con la presencia de Dios y realizar la misión que se nos ha encomendado es lo más importante y es el verdadero sentido de la existencia.

Por Lourdes Casares de Félix



viernes, marzo 04, 2005

El alma es más fuerte que el cuerpo. Alfa y Omega


A ninguna persona se le puede pedir que sea sobrehumana, pero Olga Bejano hace tiempo que ya saltó la barrera de lo humano poniendo así de manifiesto, paradógicamente, dónde está la clave de lo auténticamente humano. Reproducimos, por su gran interés, la entrevista que, en el Diario La Rioja, Yolanda Pérez realiza a Olga Bejano con motivo de su último libro: Alma de color salmón, publicado en la editorial Libros libres. A los 23 años, Olga perdió la voz. En mayo de 1987, su glotis se paralizó y sufrió una parada cardiaca. Tras estar seis minutos clínicamente muerta, y cinco días en coma profundo, logró salir con vida, pero sin poder hablar ni comer. Hoy, 15 años después, está completamente paralizada de la cabeza a los pies, no puede hablar, se alimenta y respira de manera artificial y ya casi ni ve ni puede escribir

¿Por qué se define metafóricamente como un alma de color salmón?
Porque, al igual que los salmones, vivo luchando contra corriente. A ellos, esa lucha es la que les pone la carne de ese color. Y a mí, el alma. A esta conclusión llegué en un sueño.

¿Qué añade su segundo libro a Voz de papel?
Alma de color salmón recoge los frutos del primero. Se puede decir que en Voz de papel hablo de mi cuerpo y de mis experiencias hospitalarias. En el segundo, sin embargo, hablo poco de mi cuerpo y desgarro el alma. Este libro me pidió que lo escribiese Rafael Freytez, un amigo médico que falleció a los 32 años a causa de un cáncer de riñón.

¿Cuánto tiempo ha tardado en escribirlo?
Dos años. Tenía muy claro lo que quería poner, lo que me cuesta es escribir. Incluso, cuando estaba muy cansada, tenía que echar mano de un abecedario que ideé para Carla, una amiga tetrapléjica que no podía hablar. Mi antigua enfermera, Elena, me preguntaba la fila, yo le hacía una señal con la rodilla cuando llegaba a la que quería. Después, leía las letras, que yo sé de memoria dónde están, y le volvía a hacer otra señal. Ella transcribió todo el manuscrito, y luego el escolapio Jesús Bonet, profesor y psicólogo, se encargó de corregirlo, limitándose –que quede claro– a las faltas de ortografía.

Y publicarlo, ¿ha sido complicado?Hice intentos con 10 editoriales, y unas por falta de presupuesto y otras porque iban a tardar mucho en publicarlo, todas se negaban. Ya estaba desesperada y se me ocurrió llamar al consejero de Cultura de La Rioja, Luis Alegre. Después de leerse el borrador, se comprometió, junto al Director General, Domingo Rivera, a buscar una editorial (Libroslibres) y, gracias a ellos, lo he conseguido. Además, también lo ha leído el obispo Ramón Búa Otero, que se ha encargado de escribir el prólogo.

¿Qué mensaje quiere transmitir con Alma de color salmón?
Muy sencillo, que Dios y el más allá existen. Mi primogénito me hizo y me sigue haciendo muy feliz, pero éste creo que va a mejorar la raza. (Olga, como cuando se ríe, mueve levemente los brazos).

¿Qué es lo que más echa de menos?
No poder hablar, ni ir a la calle ni ver a la gente. A veces, siento que se me va la vida sin vivirla. Mis amigas se han ido casando, teniendo hijos y formando su propio hogar. Veo que ellas han volado del nido familiar, mientras que yo sigo aquí con las alas cortadas.

¿Quién puede más, la enfermedad o usted? ¿Quién controla a quién?
Está claro, yo. El alma es más fuerte que el cuerpo. Todos tenemos una fuerza interior que no nos deja caer, aunque algunos a la mínima tiran la toalla.

¿Sobrelleva la enfermedad mejor ahora, o al principio?
Mi enfermedad está siendo como un embarazo, pero de más de 15 años. Al principio es la sorpresa y el adaptarte día a día a la situación. Ahora, sin embargo, estoy deseando que llegue la hora del parto y nacer a la otra vida.



Proceso de la enfermedad desde los 13 años

Olga padece una enfermedad neuromuscular degenerativa. Producida, probablemente, por una operación de apendicitis a los 13 años. Aunque no sabe con seguridad qué ocurrió, Olga se pregunta si fue la anestesia la causante de su mal. Parálisis de glotis y parada cardiaca: el 27 de mayo de 1987 estuvo 6 minutos clínicamente muerta. Tras 5 días en coma profundo y tener una experiencia cercana a la muerte, se recuperó.Quince años después, está completamente paralizada, no puede hablar, se alimenta y respira de manera artificial y ya casi ni ve ni puede escribir. Pero no le afecta a ningún órgano vital ni al cerebro.

martes, febrero 08, 2005

Amar adentro. Un día en la vida de Olga Bejano. Epoca



Si tuviera que escribir una última carta, sería a Dios, preguntándole si he hecho bien los deberes o no. Es fotógrafa profesional. Decoradora de interiores. De niña, le encantaba bailar, tocar instrumentos, practicar deportes. Esquiaba, patinaba sobre hielo y sobre asfalto. Le encantaba la moda, ir de tiendas. Su canción preferida, el Canon de Pachelbel.


Tilín, tilín, tilín... Olga Bejano Domínguez, de 42 años, saluda con una pequeña campana plateada que tiene anudada a su tobillo. Hoy no se siente del todo bien. "Estoy dolida, como si me hubiera pasado un camión por encima de tanta cama".

Olga no puede hablar, ni ver, ni comer, ni tan siquiera respirar. Olga está paralizada de la cabeza a los pies. Pero vive. Seguro que de forma más intensa que muchos de nosotros. Su cuerpo inútil no es suficiente para parar su agilidad mental, sus ideas, sus ganas de vivir. Su diagnóstico no existe. Padece una enfermedad neuromuscular, grave, degenerativa, desconocida y sin tratamiento, "producida por un componente que se utilizaba en las anestesias en los años setenta (curare), el cual me afectó en una operación de apendicitis a los 13 años".

Durante los 10 años siguientes, a pesar de estar muy enferma tuvo una vida normal.

Ahora depende de un respirador artificial, de un aspirador de secreciones, de su madre, Mari Carmen, y de su enfermera, Belinda. Casi nada. Son sus contactos con el mundo exterior.

Olga está sentada sobre una silla de ruedas en su habitación. Lleva un jersey lila y un pantalón rosa. Calcetines de colores que junto a la luz que entra por la ventana dan cierto aire alegre al cuarto.

Belinda abre uno de los ojos de Olga para que me vea. "¿Quieres tomar algo calentito?", anota en su cuaderno. Para comunicarse, escribe en un alfabeto propio que sólo su enfermera entiende. El pulgar y el índice de su mano derecha sujetan entre sus manos un rotulador negro que traza garabatos rápidos que increíblemente representan las palabras de Olga.





¿Cómo sales adelante?
"Con mucha entereza y lucha y, por supuesto, con la ayuda de Dios".

¿Cómo es un día en tu vida?
"Me levanto a las ocho de la mañana y despierto a mi madre. Es mi perro, Pipo, el que la avisa. Ella me medica y me da el desayuno. A las nueve llega Belinda. Comienza con el aseo, que dura dos horas y tres cuartos. Leemos el correo postal y el electrónico".

Olga recibe cientos de cartas de lectores todos los días, llamadas de teléfono, mensajes por correo electrónico. "Es mucha la gente que me quiere conocer, aunque lógicamente tengo que hacer una selección", afirma.

Continúa su día... "A las dos me acuestan y me dan la comida. Belinda se va y vuelve a las cuatro y media. Vuelta a asearme y de cinco a siete hago cosas. A las nueve me tumban de nuevo y oigo la televisión. No me acuestan para dormir, sólo para cambiar de postura. A las doce me duermo y a las cuatro de la mañana me despierto. Hasta las ocho, vuelta a empezar?".

¿Y qué haces en esas horas?
"Para no aburrirme medito, rezo o pienso en lo que voy a hacer al día siguiente", asienta.
"Soy una enferma de UCI, déjalo claro. Eso significa que no puedo residir en ninguna institución. Vivir en la Unidad de Cuidados Intensivos costaría dinero a la Sanidad Pública", afirma. Gracias a Belinda sale adelante. "Ella es mis ojos, mis manos, mis pies, mi voz, mi amiga, cómplice, secretaria y, lo más importante, gracias a ella me puedo comunicar". Belinda considera igual de importante que la aseen, que la aspiren y la mediquen correctamente como que le ayuden a escribir una carta o le apoyen en la comunicación.

Se queja e la "falta de valores que tiene nuestra sociedad frente a los cuidados paliativos. Los fines de semana y días festivos, mi madre no puede asearme ni levantarme. Con ella me comunico a través del sistema de abecedario y no puedo mantener conversaciones, sólo puedo decir cosas puntuales. Esta misma situación se repite a diario", confiesa. Y es que Belinda cubre un turno de siete horas y media (de 10 a 14:30 y de 16:30 a 19:30).

Olga es escritora. "Empecé con artículos relacionados con la vida y la enfermedad; todos ellos tuvieron una notable trascendencia, lo que me animó a publicar mi primer libro, Voz de Papel. Pasados los años y a pesarde que sus facultades físicas estaban ya algo mermadas, inventó un sistema de comunicación con un abecedario. " Con ayuda de la enfermera conseguÏ, conseguimos, escribir mi segundo libro, Alma de Color Salmón. Entre los dos ha vendido 18.000 ejemplares.




Ahora escribe su tercer libro, que ocupa la mayoría de su tiempo. "Trata de los pasitos que he ido dando para tener la espiritualidad que hoy tengo y de mi vida también".

A esta tarea se ha unido otro personaje: Ana Rosa, amiga de Olga, que acaba de entrar por la puerta. Junto a Belinda, las tres forman el "Equipo O", de Olga. Nos reímos las cuatro. Incluso nuestra escritora, que mueve el hombro izquierdo como símbolo de esas sonrisas que no puede transmitir a través de su boca.

En esta habitación logroñesa se respira un aire distinto. La vida adopta otro ritmo, el equilibrio de Olga. Su madre Mari Carmen, afirma que "se controla la vida ella misma. Si alguien no le gusta se va; si quiere estar sola, lo dice. La respetamos todos. Ella es una persona independiente. Belinda y yo la ayudamos. Nada más".

Olga, ¿no hay momentos en los que quieras terminar con todo? Habría personas que en tu lugar no tendrían muchas fuerzas para vivir...
"Si muchos, muchas veces. Respeto y entiendo a esa gente mejor que nadie, pero no lo comparto. Les diría que lucharán por tener una vida independiente. Para mí Dios lo es todo pero no lucho sólo por él. Lucho por mí y por mi familia y por la gente que me quiere", cuenta
"A mí de la película Mar adentro lo que más me impactó fue eso. La fuerza que tuvo Ramón Sampedro para despedirse de toda si familia y sus amigos. A mí no me costaría ningún esfuerzo beberme un vaso de veneno, pero no tendría valor para despedirme de mi madre, de mis hermanos, de mis amigos. Sería injusto para ellos".

¿Conociste a Sampedro?
"Sí. Nos escribimos dos cartas. Mira, yo soy una enferma de UCI. No puedo hablar, ni ver, ni respirar, ni comer, cuatro cosas que Sampedro si podía hacer. Él podía vivir en un centro para tetrapléjicos, pero no quería seguir dependiendo de su cuñada. Por eso pidió la eutanasia".

Olga nos cuenta que "lloró de impotencia el día que se fue, pero me sentí feliz porque había conseguido lo que él quería y por que tanto había luchado. Yo nunca diré sí o no a la eutanasia; daré testimonio con mi vida, las palabras se las lleva el viento, los hechos son lo único que cuentan",dice.

Y añade, "respeto y entiendo a los que están a favor. Yo sólo digo que no soy quién para imponer mis ideas y mis principios a nadie y el primero que nos hace libres es Dios. Mientras tenga un segundo de vida, seguiré luchando por la asistencia que necesito, cueste lo que cueste y valga lo que valga". La entrevista finaliza con un "adiós, chatina", entre bromas.

Entré en aquella casa como periodista, dispuesta a hacer una entrevista, y de repente, se me cayó toda la profesionalidad a los pies. Cuando conoces a Olga no puedes evitar emocionarte. Te descubre otra forma de vivir, otra forma de pensar, reír, crear y luchar, muy especial. Olga es un ejemplo de vida. Mejor dicho, es la vida. Ella continuará ejerciendo su profesión, decorando su vida para que nos quede la mejor fotografía.

Por Julia Urgel Jubera.

lunes, noviembre 22, 2004

La navidad. Revista Ana Rosa


A los 13 años fui operada de una sencilla apendicitis y, parece ser que el ‘curare’, un componente que se usaba en las anestesias a finales de la década de los setenta, dañó mi bulbo raquídeo y el sistema nervioso central. Esto me produjo una enfermedad neurológica progresiva que ha ido paralizando mis músculos”. Pero la enfermedad no la ha arrinconado. Ya lleva dos libros publicados Voz de papel y Alma de color salmón (Editorial Libros Libres).

Soy una mujer joven, el 3 de noviembre cumplí 41 años. Debido a una enfermedad que tuve a los 23 años, estoy paralizada de la cabeza a los pies. Sólo puedo ver durante unos segundos si me levantan el párpado derecho. No puedo hablar y tampoco escribir; me comunico con un sistema de abecedario inventado por mí y con unos garabatos que sólo entiende mi enfermera.Me alimento a través de un botón de gastrostomía y respiro de manera artificial, con ventilación asistida; tengo dolores crónicos y fiebre casi a diario. Cuando caí gravemente enferma me dieron seis meses de vida, entonces decidí que no podía esperar a la muerte de brazos cruzados. Como lo único que podía hacer era escribir, eso fue lo que hice. Parece que no se me da del todo mal y no hay día en el que no reciba una llamada, una carta o la visita de algún lector.


A pesar de mis 18 años de ‘arresto domiciliario’ no soy la típica enferma que se deprime, llora o se victimiza. Por el contrario, procuro que mi familia, mi enfermera y mis amigos siempre me vean lo mejor posible aunque, como todo el mundo, tengo días mejores y peores. Mi vida no es para nada triste o aburrida, al revés, el tiempo que la enfermera está conmigo no es suficiente para hacer todo lo que ese día tengo planeado. La vida es el don más preciado que Dios nos da y depende de cómo la viva cada uno puede ser el más desgraciado del planeta o el más feliz.Cuando estaba bien, vivía las fiestas navideñas como cualquier chica de mi edad: comidas, cenas en familia, etc. Me hacía mucha ilusión comprarme algún modelito para el cotillón de Nochevieja. El roscón de Reyes solía comerlo en algún autobús dirigiéndome al Pirineo Aragonés para esquiar con mis amigas. Algunos días, de los 15 que tenía de vacaciones, los dedicaba a una obra solidaria. También solía hacer compras. En este momento, no puedo comer, comprar, ni esquiar, pero creo que ahora sí entiendo el espíritu navideño, y pienso más en los demás. Para mí, la Navidad ahora se ha convertido en una época de renovación personal.

Por eso, al año 2005 le pido que la igualdad entre el hombre y la mujer sea una realidad, sobre todo en el Tercer Mundo, y que se erradique del todo la ablación.

Que los ingenieros agrícolas obtengan algunas semillas a las que las plagas no puedan atacar, para que no haya hambre en el mundo.

Que se gaste menos dinero en armamento y más en sanidad. Que los científicos descubran algunas de las vacunas más importantes y la solución para enfermedades cardiovasculares, neurológicas, cáncer, sida...

Que la educación no sea un lujo en muchos países.

Y que la paz no sea una utopía.

En definitiva, que todos pongamos nuestro granito de arena para conseguir un mundo mejor.

Y a las lectoras de AR os deseo Feliz Navidad, que se hagan realidad todas vuestras ilusiones.l

domingo, noviembre 21, 2004

Crónica del Encuentro de Cofradías y Hermandades de Jaén. Testimonios de fe y lucha. Alfa y Omega


Las Cofradías y Hermandades de Jaén se han dado cita en un encuentro celebrado el pasado 21 de noviembre. Participaron en él don Rafael Higueras, don León Suárez, doña Juana Serrano, don Álex del Rosal, doña Olga Garcés y doña Olga Bejano, tetrapléjica que, a pesar de estar postrada, lleva 20 años dando testimonio de su lucha. También se recordó a don Manuel Lozano Garrido, Lolo, uno de tantos santos que aún no ha subido a los altares. El pasado día 21 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey, tuvo lugar el decimoséptimo Encuentro diocesano de Cofradías y Hermandades, en el Seminario diocesano de Jaén. Este Encuentro nació a iniciativa del que hasta hace pocos meses era obispo de Jaén, monseñor Santiago García Aracil, en la actualidad arzobispo de Mérida-Badajoz. Comenzó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el Administrador Diocesano, don Rafael Higueras Álamo. En su homilía, hizo hincapié en la importancia de la Cruz para la vida del cristiano, y en la vocación de todos los cristianos a la santidad, citando las palabras del Siervo de Dios Manuel Lozano Garrido, Lolo, quien le pedía a Dios «santos a manojillos».Tras la celebración de la Eucaristía, don Rafael Higueras dirigió unas palabras a los cofrades asistentes y les exhortó a prestar atención a los testimonios que allí iban a vivir. Don León Suárez Palomares, Delegado episcopal para las Cofradías y Hermandades de la diócesis de Jaén, dio la bienvenida a los asistentes. Doña Juana Serrano Melero, letrada rotal y perteneciente al elenco de abogados del Tribunal Eclesiástico de Jaén, fue la conductora del acto y la presentadora de los ponentes.

En primer lugar, presentó a don Álex Rosal, escritor y periodista, director de la editorial Libroslibres, quien, tras hacer una reflexión sobre el sentido del sufrimiento, de la cruz y del perdón, presentó a la riojana doña Olga Bejano, una mujer de 41 años, de los cuales, dieciocho los lleva postrada en una silla de ruedas, tetrapléjica, conectada a una máquina de UCI que le permite respirar, y un leve movimiento en la mano derecha y en el pie izquierdo. A pesar de ello, Olga Bejano ha escrito dos libros: Voz de papel y Alma color salmón, y está ya escribiendo su tercer libro. Se proyectó una entrevista que, en días pasados, le fue realizada a Olga Bejano en su domicilio de Logroño y que mostró cómo Olga iba contestando a las preguntas garabateando en una libreta unos signos, que eran interpretados por Belinda, su enfermera. En sus respuestas, Olga mostraba la importancia de la fe para aprender a asumir cada uno su cruz; decía que el lema de su vida era Orar, luchar y escribir.

Al final de la entrevista, don Alex Rosal le preguntó por Lolo, el periodista linarense, paralítico también como ella y además ciego y sordo, cuyo proceso de beatificación está en curso. Doña Olga Bejano dijo: «Lolo y yo tenemos muchas cosas en común, menos la santidad. Él se fue a la otra vida un 3 de noviembre y yo llegué a esta vida un 3 de noviembre, y a Lolo le pediría que me siguiera dando fuerzas para seguir luchando, y paz interior para vivir sin miedo al futuro».

Después de la entrevista a doña Olga Bejano, que dejó impresionados a los asistentes, doña Olga Garcés, una misionera de las Misioneras Servidoras del Evangelio, aportó su testimonio sobre la Eucaristía como alimento de la vida del cristiano, sobre la necesidad que todos y cada uno de nosotros tenemos del perdón, tanto de darlo como de recibirlo, y de la Santísima Virgen como mujer eucarística. María Dolores Vacas Martínez


Olga Bejano: orar, luchar y escribir

El periodista y escritor don Álex del Rosal tuvo la oportunidad de entrevistar a doña Olga Bejano, que se encuentra postrada desde hace 20 años. Reproducimos algunas preguntas y respuestas:

¿Qué le pide a Dios todos los días?
-Fuerzas para poder llevar una cruz que cada día pesa más.

¿Y qué le dice Dios todos los días?
- Que me tiene reservada para algo muy grande.

Usted se estuvo carteando con el tetrapléjico don Ramón Sampedro, que decidió acabar con su vida. ¿Qué le diría si lo tuviera delante?
- Que luchara por tener una vida independiente para sentirse más persona y más útil.

¿Qué le movió a escribir sus dos libros?
- Creo que mi testimonio puede ayudar a otras personas, como así me dicen en sus cartas.

¿Cuál es el lema de su vida?
- Orar, luchar y escribir.

¿Qué le dirías a la gente que ha perdido el gusto por la vida?
- Que sin Dios nada vale la pena, que lo busquen como si quisieran encontrar las llaves en el fondo del mar.



miércoles, septiembre 22, 2004

Mi fugaz experiencia en el más allá. La Verdad Digital


En 1987, Olga Bejano estuvo clínicamente muerta durante seis minutos; luego pasó cinco días en coma. Estos son sus recuerdos:

Entré en parada cardiaca en el box de Urgencias.

Oí que alguien decía: ‘¡Se nos va! ¡Se nos va!’

Sentí que salía de mi cuerpo. Al principio me vi perdida, no sabía bien dónde estaba, si era un sueño o estaba pasando de verdad. No sabía si estaba viva o muerta. Me puse a correr intentando buscar una salida y no la encontraba, sentí una angustia y una desesperación tal que comencé a llorar. De repente, me vi envuelta en una luz. Eran espirales de menor a mayor formando un túnel. Esa luz me atraía hacia ella como un imán. Me introduje en ese túnel. En el fondo había una persona masculina. No distinguí su cara porque estaba lejos. Llevaba una túnica blanca, con la mano me hacía gestos para que fuera hacia él y me decía: ‘Olga, ven’. Me pregunté quién sería y por qué sabía mi nombre.

Al avanzar dejé de sentir miedo... En un momento determinado fui consciente de que mi alma había abandonado su cuerpo. Para mí la muerte hasta entonces eran palabras como cementerio, ataúdes, oscuridad, bichos o miedo. Descubrí que la muerte no existe, no es otra cosa que nacer a otra vida, la muerte es luz, paz, descanso, placer, bienestar y un amor infinito que en esta vida no existe...

Me sentía la mujer más feliz del planeta. Olvidé todo lo que había sufrido hasta llegar allí. Avancé y oí la voz de mi hermano Javier gritando y sollozando, desesperado: ‘Lucha, Olga, no te rindas. Lucha, no nos dejes’. Entonces me detuve. Quería avanzar y llegar al final. Emprendí la mayor batalla de mi vida. Al final del túnel estaba el placer, el amor y el bienestar... Retroceder era volver a un cuerpo enfermo en el que seguiría sufriendo. ¿Y a quién le gusta sufrir? A mí no...».«Allí el tiempo es otro. No se me hizo ni largo ni corto, pero sí duro, muy duro...

Según nuestro tiempo pasé cinco días en coma profundo. Cuando decidí volver desperté aquí como por arte de magia... La voz de mi hermano iba a retumbar siempre en mi interior y no iba a dejarme ser feliz. Necesito volver para decirles a todos que Dios y el más allá existen, que no tienen que llorar por mi muerte ni por la de nadie porque todo es maravilloso.

Aquella forma me dijo: ‘La que no tiene que llorar eres tú. Has decidido volver porque pesa más en ti el amor hacia tu hermano que el miedo al dolor y al sufrimiento. Eso te honra y me siento orgulloso de ser uno de tus guías. La próxima vez que vengas no tendrás que volver. Pero antes te queda camino por andar en la vida. Vas a sufrir mucho, pero no estarás sola. Tu sufrimiento va a ser fértil, muy fértil. Y, ahora, véte’. Julián Méndez



martes, septiembre 21, 2004

Tierra adentro: Olga Bejano, enferma incurable que lleva 17 años inmóvil. La Verdad Digital


Cuando entras en su habitación, Olga Bejano Domínguez te recibe agitando varias veces una campana de plata anudada a su tobillo izquierdo. «Os está saludando», explica Belinda Bárcenas, su contacto con el mundo exterior.





Olga está sentada en una silla de ruedas, de espaldas a una terraza con macetas desde la que se ven los árboles de un parque próximo. Está conectada a un respirador que, rítmica, mecánicamente, llena de aire sus pulmones. Un zumbido y una exhalación.

Belinda nos indica una silla. Una vez sentados, con gran delicadeza, la enfermera le levanta el párpado del ojo derecho para que Olga pueda ver a los visitantes. Ha perdido la movilidad de todo su cuerpo. «Encantada, tú eres Julián». Su ojo es de un verde intenso.

Para comunicarse, Olga escribe. Escribe en un alfabeto propio que sólo Belinda es capaz de comprender y traducir a palabras. Olga usa dos dedos de su mano derecha entre los que aprieta un rotulador Edding 1200 negro. Sus trazos son rápidos. Su cabeza está despierta y abierta a todo.






«Tengo 41 años, estoy paralizada de la cabeza a los pies, apenas veo, no puedo hablar. Me alimento y respiro de manera artificial. Padezco una enfermedad neuromuscular grave, degenerativa, desconocida y sin tratamiento, producida al parecer por un componente, el curare, que se utilizaba en las anestesias en los años 70».

Con 13 años, a Olga la operaron de apendicitis. Antes, señala, fue una niña sana, inteligente, guapa, deportista y muy creativa, con facilidad para cantar, bailar, dibujar y escribir.También se recuerda «presumida y testaruda». Tanto que entró al quirófano por su propio pie. Pero tardó 8 horas en despertar. La llamaban «la bella durmiente». «De las bromas pasaron a las lágrimas cuando al despertar dejé de ser una niña sana. Mi voz era como de catarro, me pesaba la lengua y al beber se me salían los líquidos por la nariz. Si me cansaba veía doble», dice.

Pese a todo, trató de hacer una vida normal cuando no estaba ingresada. La examinaron en Logroño, pasó seis años en la Clínica Universitaria de Navarra... Luego, un rosario de hospitales.Entretanto estudió Decoración, se hizo fotógrafa profesional en Madrid, encontró trabajo... Pero el 27 de mayo de 1987 se le paralizó la glotis, se asfixió y estuvo seis minutos clínicamente muerta. Pasó cinco días en coma. A los tres meses tuvo una recaída. «La vida se me rompió a los 23 años. Había viajado, ligado y empezaba a trabajar... Estaba muy enamorada y tuve que romper esa relación, no quería que mi enfermedad salpicara a otros». Olga pide a Belinda que le seque una lágrima. Como no puede parpadear tiene úlceras.

—Habría personas en su situación que no desearían vivir...
—Tirar la toalla es lo fácil.

—¿Por qué sigue viva?
—Sigo viviendo porque creo que yo no soy quién para decidir mi día y mi hora. Pero respeto y entiendo a los que no quieren vivir. No impondré mis ideas ni mis principios a nadie. Para mí, la libertad y el respeto a los demás es lo primero.

—Cuenta que nació en Madrid, que su madre fue compañera de parto de Lola Flores y que usted compartió nido con Rosario. También ha dicho que a las 24 horas tuvo su primera regla y que hay personas que creen que eso es un indicio de vida muy especial...
—No sé si es leyenda o ciencia. Lo que sí sé es que en mi vida está siendo una realidad.

—¿Y no se ha preguntado por qué?
—Al principio, muchas veces. Pero ahora, al ver que mi vida está dando tantos frutos ya no me lo pregunto. La gente me da la respuesta todos los días con sus llamadas, cartas y visitas.

Olga Bejano ha escrito dos libros, «Voz de papel» y «Alma de color salmón», de los que se han vendido 18.000 ejemplares. Lleva 8 capítulos de una tercera obra que, pacientemente, Belinda pasa al ordenador. En esta casa junto a la entrada de Logroño la vida adquiere otro ritmo, otro sentido.





Esta habitación es la casa de Olga. Dentro manda ella. «Si a alguien no le gusta, se va. Aquí —dice su madre, Mari Carmen, una vigorosa navarra— hemos perdido la vergüenza, hemos aprendido a valorar lo que tiene auténtico valor», señala.

«Mamá, dile si mi vida es fructífera», escribe Olga. Mari Carmen asiente.

Por la casa han pasado cientos de personas (Nacho Cano, Pitita Ridruejo, El Juli...).
Sus amigos tienen una página: http://groups.msn.com/colorsalmon

—Apenas duerme cuatro horas cada noche... ¿Recuerda sus sueños?
—Mejor no recordarlos. Suelo tener sueños premonitorios y no me fallan.

—Su padre, Juan Manuel, murió hace poco...
—Sí. El día en que cumplí 40 años le dio un infarto. Estuvo mes y medio en coma y falleció el 17 de diciembre de 2003. Le echo muchísimo de menos. Era todo para mí. Padre, amigo, cómplice, enfermero... Valía por dos. Ahora mi madre y Belinda tienen que hacerlo todo. Yo soy paciente de UCI, pero no me pueden ingresar porque allí moriría de una infección y no tendría a nadie que me ayudara a expresarme. Lucho por vivir en mi casa, pero con ayuda.

—¿No piensa en cómo habría podido ser su vida?
—Tengo seis amigas desde los 13 años. Tuve una temporada, cuando empezaron a casarse y a tener hijos, que sentía mucho dolor. Pero si le soy sincera creo que ahora soy más feliz que ellas. No tengo problemas de trabajo, ni de marido, ni de hijos, ni de suegras. Me he casado con el mejor hombre del mundo, nunca va a ser alcohólico, ni infiel, ni nada malo. Lloro a solas, por la noche, no quiero hacer sufrir a nadie.

—¿Y cómo hace para no pensar, para no añorar otra existencia?
—Hay que ser fuerte para no recordar o desear. Reconozco que tengo mucha fuerza psíquica y mucho aguante.

—Dígame su secreto.
—Mire, yo me despierto y cuando siento los dolores o la fiebre, en vez de llorar me tomo algo y hago ejercicios mentales para separar mi cuerpo de mi alma. Cuando llega la enfermera por la mañana, le digo: «¡Venga, corre, aséame que tengo que hacer esto y lo otro!». Mientras estoy con ella no paro de hacer cosas. Caigo en la cama tan cansada que no puedo ni pensar. Hago mucha oración y mucha meditación.



Olga está cansada. Belinda le da la medicación (toma morfina desde hace 3 años) y, luego, la tumba en la cama. En la cabecera hay una antigua y hermosa fotografía en blanco y negro de Olga y su hermano Javier. Van de la mano. Julian Méndez








viernes, septiembre 10, 2004

Correspondencia mantenida con Ramón Sampedro. ABC



Olga Bejano recibió hace años la visita de un sacerdote gallego que conocía a Ramón Sampedro. Le pidió que le escribiera para ver si ella era capaz de hacerle "recapacitar". Redactó dos cartas. "Además de tetrapléjica no puedo ver, ni hablar, ni comer, ni respirar; llevo 15 años de arresto domiciliario. A esto hay que añadirle dolores crónicos y fiebre casi a diario. Él me dijo que no podía entender cómo en esas condiciones yo quería seguir viviendo; le respondí que tenía tantas ganas o más que él de irme. Al contrario que él yo sí era creyente y quería que Dios decidiera cuál era mi día y mi hora, mientras tanto lucharía por conseguir la asistencia que necesito.

"Le propuse, ¿por qué en vez de luchar para morir no luchas para vivir?
Si yo me pasara como tú años y años tumbado en la cama, mirando al techo y dándole vueltas a la cabeza, creo que me volvería loca. Tú llevas así 30 años, que se dice pronto. ¡Y dicen que la mujer es el sexo débil! Pero tú estás demostrando ser un cobarde. Eso no se lo dije para hacerle daño sino para que reaccionara, pero él lo tenía muy claro. Añadí, ¿por qué no luchas por conseguir una vida independiente, personal que te cuide, una silla eléctrica que te lleve de paseo, un ordenador que puedas usar con la voz...? Y con esa voz tan bonita y esa cabeza tan bien amueblada incluso podrías trabajar en un programa de radio.

Me respondió malhumorado. "No quiero vivir ni con 20 enfermeras ni con todo el dinero del mundo. Soy una cabeza pensante pegada a un cuerpo muerto y así no quiero vivir".

Le respondí que le comprendía mejor que nadie, pero que no quería que se fuese porque era un ser excepcional".

"El día que se fue lloré de impotencia, pero me sentí feliz porque había conseguido lo que él quería. Yo nunca diré sí o no a la eutanasia, daré testimonio con mi vida, los hechos son lo único que cuenta. Respeto y entiendo a los que están a favor, yo sólo digo que no soy quién para imponer mis principios y mis ideas a nadie y el primero que nos hace libres es Dios".





miércoles, septiembre 08, 2004

Soy tetrapléjica, no puedo ver, hablar, ni respirar, pero pido ayuda para vivir. La Razón


Olga Bejano, conectada desde hace 21 años a un respirador, cuenta su pasión por seguir adelante

Olga Bejano nada a contracorriente desde 1987, cuando su glotis se paralizó y sufrió una parada cardiaca por asfixia. Entró en coma profundo, estuvo clínicamente muerta y tuvo la «experiencia del túnel». Tenía 23 años. Ahora tiene 41 y no ve, no se mueve, ni habla, ni puede comer. Es tetrapléjica y sigue viva gracias a un respirador artificial. Pero oye, siente y piensa, su agilidad mental es extraordinaria y se comunica, gracias a su enfermera, a través de una serie de garabatos ininteligibles. A través de ellos Olga ha expresado a LA RAZÓN sus ganas de seguir adelante y pide más medios para vivir.

A través del teléfono, que atiende su enfermera, se puede escuchar la vida de Olga abriéndose paso a través del respirador. Sin él hace tiempo que Olga habría regresado a aquella paz y aquella «Luz» que vio durante su «experiencia del túnel», cuando en 1987 –entonces era decoradora de interiores y fotógrafa– se cerró su glotis y entró en coma. «Olga te escucha», me asegura su enfermera. Le formulo las preguntas y ella va leyendo, interpretando sílaba a sílaba los garabatos que Olga escribe en el papel. Es tetrapléjica, no ve, no habla ni come, pero su lucidez es absoluta.

Le pregunto si está al tanto del debate que ha surgido sobre la eutanasia a raíz del «rescate» del caso de Ramón Sampedro en la película «Mar Adentro» de Amenábar. «Sí, claro, lo sabe, lo sabe...», me asegura la enfermera, que a partir de ahora «lee» en primera persona las sílabas que nacen de los imperceptibles movimientos de la mano de Olga.

– ¿Conociste a Ramón Sampedro, Olga?
– Sí, le conocí. Nos carteamos dos veces. Le dije que si él tuviera más medios, seguramente querría vivir. Él me dijo que no podía entender cómo yo quería seguir viviendo, y que ni con veinte enfermeras, ni con silla de ruedas eléctrica, ni con ordenador ni con nada. Que él no quería vivir.

– ¿Qué le respondiste?
– Le envié mi «Carta contra la eutanasia», pero él dijo que ese era sólo mi punto de vista. Yo le respondí que tenía tantas ganas o más que él de irme, pero que al contrario que él, yo era creyente y quería que Dios decidiera cuál era mi día y mi hora. Ramón Sampedro luchó por lo que quería y lo consiguió, y yo, aunque estoy en contra de la eutanasia, respeto a los demás y no impongo a nadie mis principios. Porque el primero que nos hace libres es Dios.

– ¿Qué te empuja a vivir, Olga?
– Dios. Todo lo que soy lo he recibido de Él.

– ¿Qué quiere decirle a tanta gente que sin saber lo que es el sufrimiento pretende legislar el de los demás?
– Que nadie puede saber lo que es capaz de aguantar hasta que la vida no te pone el toro delante. Yo soy tetrapléjica, vivo gracias a un respirador, pero pido otra clase de ley. Una ley que regule y disponga más ayudas para los tetrapléjicos. A mí me cuidaban mis padres y mi enfermera, pero al fallecer mi padre, mi madre no puede con todo. Y yo no puedo ir a vivir a ningún tipo de residencia, sólo puedo vivir en una UCI, y eso sería una crueldad. El otro día se me estropeó el respirador, la enfermera había salido un momento, casi no lo cuento. Necesitamos más ayuda.

– Olga, ¿eres feliz?
– ¡Por supuesto que soy feliz! Tengo mucho sentido del humor, la gente que me conoce nunca me ve llorar. ¿Sabe lo que decía mi abuela materna? Que las lágrimas no son fértiles. Y yo, como verá, soy un vegetal muy activo... ¡Estoy escribiendo mi tercer libro!




Extracto de la «Carta en contra de la eutanasia»

«Creo que, debido a mi situación, puedo hablar viendo el problema desde el centro de la plaza y con el toro delante, no desde la barrera. [...] Me llamo Olga. Padezco una enfermedad neuromuscular grave, desconocida, progresiva y sin ningún tratamiento. [...] Mi vida es, desde hace ocho largos años, malestar físico, obstáculos, limitaciones, problemas hospitalarios, familiares, burocráticos... En una palabra: sufrimiento. Pero este sufrimiento si uno llega, como yo, a entenderlo, es una lección constante que ayuda a madurar y a superarse. Soy católica, siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere no termina ahí su vida. Cuando estuve en coma, tuve la suerte de tener la famosa experiencia del «túnel». Esto transformó mi vida. Desde entonces, no tengo ningún miedo a la muerte, porque sé que cuando uno se va, allí se siente mucho placer y bienestar. [...] Está claro que mi hora no había llegado, y yo no soy quién para alterar el destino y mucho menos los planes de Dios. Vivimos en una sociedad en la que priman el placer y lo material, pero el sufrimiento y la muerte vienen incluidos en la vida, forman parte de ella. Soy partidaria de luchar, no de «huir» [...] por eso lucharé hasta el final. Respeto y entiendo a los que se dan por vencidos y no creen en nada; pero yo, cuando llegue al «otro lado», quiero tener la sensación de llevar mis deberes cumplidos [...] La mentalidad de que sólo lo biológicamente bueno vale la pena impide conocer grandes realidades humanas: Beethoven compuso sus maravillosos cuartetos hasta el último momento; Tiziano pintaba con casi noventa años, cuando apenas podía sujetar los pinceles. Los defensores de la eutanasia olvidan que cada vida es única e irrepetible y tiene todo el valor posible. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante». (13 marzo 1995).